DOMINGO 11º DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de Junio)

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 Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo decía Jesús: ‘El reino de los cielos se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina  y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola; primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega’.

Dijo también: ‘¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra’.

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía en parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado. (Mc 4, 26-34)

 

►  Iluminar la Palabra

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. La parábola es una historia narrada por Jesús para ayudar a la comprensión de su enseñanza. Son muchas las veces que utiliza este modo sencillo de expresarse para ser comprendido por la gente sencilla. Son como un cuento, que tiene un mensaje escondido y esto es lo que interesa. ¿Qué mensaje guardan las dos parábolas que nos propone el texto de este domingo? Las parábolas que tenemos delante están dedicadas a explicarnos el Reino y su significado. La fuerza del Reino puede ser germinal, incipiente, va creciendova produciendo fruto y tiene una fuerza transformadora, como los insignificantes granos de mostaza… que llegan a  echar ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra.

 

Orar y contemplar la Palabra

Puedo comenzar la oración pidiendo al Señor la gracia de comprender el sentido de sus parábolas y de practicarlas en mi vida: Concédeme, Señor, entender qué quieres decirme con esta comparación, con esta parábola, que entiendo es importante para mi vida hoy.

Leo de nuevo el texto, como si fuera la primera vez. Para ello lo leo lentamente, descubriendo el sentido de la comparación. Imagino la escena de la siembra… Quizá sea lejana para mí, pero voy a intentar ir adentrándome en el sentido de esta comparación.

Jesús me habla a mí hoy como entonces habló a sus discípulos. Acompañado de Él, intento descubrir cuál es la buena noticia que me quiere transmitir con esta parábola. Buena noticia para los que le escuchaban, buena noticia hoy para mí, buena noticia para el mundo.

Dialogo con Jesús, como lo harían sus discípulos, que Él me enseñe a aplicarlo a mi vida concreta, a mi conducta.

Termino la oración dando gracias a Jesús por su cercanía, por sus palabras, por su enseñanza, por su presencia en mi vida, por la capacidad que me ha dado de poder dialogar con Él.

Jesús, Tú eres el camino, la verdad y la vida:

Camino que me orienta hacia dónde ir,

Verdad que me enseña cómo actuar,

Vida que me habla de plenitud de mi ser.