DOMINGO 12 DEL TIEMPO ORDINARIO (24 de junio)

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Santa Teresa, en el poema que tenemos delante nos enseña a entender que el Señor de todo lo creado es Dios Creador: Aquel que hermosura y ser os da. Aquel a quien las aguas y los vientos obedecen, como escribe el evangelista Marcos en su evangelio.

Decid, cielos y tierras; decid mares.

Decid, montes y valles y collados.

Decid, viñas y mieses y olivares.

Decid hierbas y flores; decid prados.

Decidme dónde está

Aquel que hermosura y ser os da.

(Poesía 32)

 

 Escuchar y acoger la Palabra

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Vamos a la otra orilla’. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron diciendo: ‘Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?’. Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

‘!Silencio, cállate!’. El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: ‘¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?’. Se quedaron espantados y se decían unos a otros: ‘Pero, ¡quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!’. (Mc 4, 35-40)

►  Iluminar la Palabra

El evangelista Marcos nos hace caer en la cuenta de la situación del grupo de los primeros discípulos. Todavía no conocen la identidad de Jesús: ¿Pero quién es ese? Él se presenta con el poder sobre las fuerzas de la naturaleza: ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen¡

Id a la otra orilla, les dice Jesús. Salid a las periferias, escuchamos hoy al Papa Francisco. ¿Dónde está la fuerza? En el poder de Jesús. No estamos solos, aunque aparezca dormido. Hoy también nosotros, le encontraremos a él, experimentaremos la fuerza del evangelio que anunciamos si asumimos la misión que Jesús nos encomienda.

Vivimos como los discípulos, en medio de la tempestad. No solo como iglesia sino como mundo y como sociedad… Jesús se alza por encima del viento y del mar, porque el Señor Resucitado es aquel en quien todo lo creado –lo de los cielos y lo de la tierra- adquiere su sentido y unidad… ¿Conservaremos el planeta que nos permite existir, apoyados en este Jesús, “dueño” del viento y el mar? ¿Retrocederemos cuando las circunstancias de la misión nos sean adversas?

 

Orar y contemplar la Palabra

-De nuevo releo el texto desde esta iluminación que acabo de recibir y me pregunto:

* ¿Yo cómo me dispongo a utilizar este regalo de la naturaleza?

* ¿Formo parte de esas fuerzas destructoras por avidez o por orgullo?

* Me comprometo con todos aquellos movimientos y asociaciones que trabajan en el cuidado de la naturaleza

* Creo que Tú, Jesús, vas en nuestra barca. Tú, Señor y Dueño del cielo y de la tierra, enséñanos a cuidarla, a reconocer que la tierra es de todos, y ayúdanos a trabajar por la convivencia, la justicia y la paz.