DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO (Día 13 de agosto)

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Este relato se comprende en su significado profundo, si se lee fijando la atención, ante todo, en la conclusión final: el reconocimiento que hacen los discípulos de que Jesús es ‘Hijo de Dios’. Y en Jesús aprendemos lo que es Dios para nosotros. En Jesús aprendemos que Dios nos busca en la noche, cuando tenemos miedo, cuando nos vemos desamparados y perdidos.

►Escuchar y acoger la Palabra
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ‘Ánimo, soy yo, no tengáis miedo’. Pedro le contestó: ‘Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua’. Él le dijo: ‘Ven’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo; ‘¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?’. En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo; ‘Realmente eres Hijo de Dios’. (Mateo 14, 22-33)

►Pensar la Palabra
No tengáis miedo. Estas palabras de Jesús, en esta preciosa experiencia de los discípulos, son la clave para comprender el texto. ¿Por qué el miedo y cómo reaccionamos cuando estamos atenazados por este sentimiento? Hay tantas razones para tener miedo por nosotros y por los demás: la incertidumbre ante el futuro, las catástrofes, la enfermedad, el desamor… El peligro del miedo es que nos paraliza, nos encasilla en nosotros mismos, nos incapacita para trabajar sobre sus causas. La actitud creyente que nos ayudará a reaccionar ante las situaciones difíciles es descubrir a Dios en medio de la tempestad, y escuchar su palabra, como aquellos discípulos: Ánimo soy yo, no tengáis miedo. En medio de nuestras propias tempestades, Dios nos sale al encuentro, navegando con nosotros en la travesía de nuestra vida. Y lo encontramos, cercano a nosotros, en Jesús, el Hijo de Dios.

►Orar y contemplar la Palabra
Me hago consciente de que me encuentro ante una Palabra de vida. Quiero estar abierto a sus sorpresas, a lo que Él quiera inspirarme y pedirme. Respiro profundamente, sintiendo el aliento de vida que me viene del Espíritu de Jesús y de su Palabra.
Después de haber leído, reflexionado y pensado sobre el texto, vuelve a la lectura del pasaje evangélico. Sitúa la escena, intenta imaginar lo que el evangelista describe y contemplando a los discípulos, a Pedro… puedes preguntarte:
– ¿Cuáles son mis miedos? Nómbralos, con confianza y siente la voz cercana de Jesús: Ánimo a soy yo, estoy siempre contigo, no tengas miedo.
– ¿Qué domina más mi corazón, el miedo o la confianza?
Jesús toma de la mano a Pedro y le señala la razón de su temor: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
– ¿Cuáles son las razones de mis dudas? ¿Mi fe es aún débil?

►Actuar desde la Palabra
– Puedo, durante esta semana, trabajarme en la actitud de confianza en el Señor y repetir la oración de Pedro: Señor, sálvame, pidiendo que crezca en mí la certeza de que él es el Hijo de Dios, que camina conmigo, que siempre tiene su mano extendida para agarrar la mía: Ánimo soy yo, no tengas miedo. Él es el Hijo de Dios.

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