DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO (Domingo 22 de octubre)

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El domingo anterior, 15 de octubre ha comenzado el año jubilar teresiano. Con esta ocasión, nos viene a la mente unas palabras de la Santa que manifiestan la dificultad de unir estos contrarios: estar en el mundo sin ser del mundo. Ese saber dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios: “Pensáis que es menester poco para tratar con el mundo, y vivir en el mundo, y tratar negocios del mundo y ser en lo interior extraños al mundo… (Camino de perfección 3, 2)

►Escuchar y acoger la Palabra
En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes y le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al Cesar o no?’ Comprendiendo su mala voluntad les dijo Jesús: ‘Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto’. Le presentaron un denario. Él les preguntó: ‘¿De quién son esta cara y esta inscripción?’ Le respondieron: ‘Del Cesar’. Entonces les replicó: ‘Pues pagadle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios’ (Mateo 22, 15-21)

►Iluminar la Palabra
Los fariseos y herodianos intentan poner a Jesús en una situación comprometida queriendo que tome postura política y religiosa. La moneda es a la vez un símbolo político y religioso. En primer lugar Jesús desenmascara a sus interlocutores: Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Estos mismos, aún en medio de burla y sarcasmo, definen a Jesús como un hombre libre e identifican las notas de la verdadera libertad: sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad y no te dejas llevar de las apariencias. La pregunta llega enseguida: ¿Es lícito pagar tributo? Es la pregunta sobre los derechos del Cesar. La respuesta es clara: dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. No se trata de escoger entre Dios y el Cesar, pero tampoco hay que confundirles. Con esta distinción Jesús otorga al cristiano y a quien escucha sus palabras la libertad de reflexionar siempre sobre la manera en que quiere participar en la gestión del mundo. Tenemos responsabilidades, como miembros de una sociedad, a las que hay que responder, siendo lúcidos ante el abuso de poder o injusticia de las leyes. A Dios lo que es de Dios. Apostar por lo que es de Dios es apostar por los derechos de sus hijos y defender a quienes llevan impresa su imagen.

►Orar y contemplar la Palabra
La lectura de la Palabra de este domingo nos invita a despertar en nosotros la responsabilidad pública de la fe, sabiendo que lo que constituye la personalidad más plena del hombre, su intimidad y libertad, imagen de Dios, no pueden prostituirse ni entregarse a los poderes de este mundo.
Dejo que la Palabra me interpela y sugiera. Me pregunto por mis actitudes:
– Mi fe, como expresa San Pablo, ¿es una actitud que transforma al sujeto y su modo de estar en el mundo?
– Mi libertad, ¿me compromete a no guardar las apariencias, a no pactar con los poderes que buscan el dominio de las personas?
– La esperanza en el único Dios, Señor de la historia, ¿dinamiza mi compromiso, con alegría?
– La verdad y la sinceridad, me lleva a actuar sin dejarnos llevar de las apariencias.
– El amor, ¿me lleva a apostar por la defensa a los más débiles y necesitados?

►Actuar desde la Palabra
Reviso mis actitudes y me comprometo, en lo cotidiano, en ir transformando mi manera de estar en el mundo sin ser del mundo: dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.