DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO (Domingo 29 de octubre)

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Mateo sigue poniendo ante nuestros ojos la actitud de los fariseos: poner a prueba a Jesús. La respuesta de Jesús es clara y exigente: amarás al prójimo como a ti mismo. La fe cristiana profesa que hay una manera infalible de contactar con Dios, y es la dedicación amorosa a los sufrientes de la tierra. Ese contacto podrá entonces ser percibido o no, pero se dará sin duda. Teresa de Jesús pone su palabra, alimentada en la experiencia: “Ve el alma que los gozos de la tierra son inciertos, aunque parezcan dados de Vos, si no van acompañados con el amor del prójimo. Quien no le amare, no os ama, Señor mío, pues con tanta sangre vemos mostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán”.

►Escuchar y acoger la Palabra
“En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?’ Él le dijo: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser’. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas” (Mateo 22, 34-40)

►Iluminar la Palabra
Estos dos mandamientos sostienen la Ley y los profetas. Son el fundamento de nuestra fe. La fe cristiana se manifiesta en un amor que abraza lo humano y lo divino. Jesús habla de un amor a Dios que implica a la persona entera, en todas sus dimensiones. A esto añade una novedad, el amor al prójimo –mandamiento semejante al primero-. La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.Esta palabra de Jesús queda iluminada desde el texto del Antiguo Testamento que se lee en la Eucaristía de este domingo: La predilección de Dios por los desvalidos –viudas, huérfanos, forasteros- y por los pobres. Este subrayado pone énfasis a la calidad de nuestro amor por el prójimo, como se describe también en la parábola del buen samaritano. Amarás a tu prójimo como a ti mismo, dice Jesús. En una sociedad de desiguales amar “como te amas a ti mismo” introduce la radical exigencia de la igualdad.

►Orar y contemplar la Palabra
*Comienzo este momento orante sintiendo esa presencia interior que me habita. Tú, Señor tienes, para mí, palabras de vida eterna.

*Me quedo en silencio ante la Palabra y reconozco que el fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz.

*Concédeme Señor que este rato de oración haga crecer en mí el silencio, la oración, la fe, el amor, el servicio, la paz.

►Actuar desde la Palabra
Un amor de obra y de verdad. Somos llamados a anunciar el evangelio con el testimonio de nuestra vida, cumpliendo la Ley del amor.
Cada día, durante esta semana, al comenzar y dar gracias a Dios por todo lo que en mí amanece me uno a estas palabras del papa Francisco: “Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! ¡Sí, en contra de todo! ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!” (EG. 101)