DOMINGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO (Domingo 12 de noviembre)

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Teresa de Jesús nos da luz para entender la palabra de este domingo:
¡Alma mía! Espera, espera, que no “sabes cuándo vendrá el día ni la hora”, Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin. (Exclamaciones 15, 3)

►Escuchar y acoger la Palabra
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A media noche se oyó una voz: ‘¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!’ Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: ‘Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas’. Pero las sensatas contestaron: ‘Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: ‘Señor, Señor, ábrenos’. Pero el respondió: ‘Os aseguro que no os conozco’. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora’. (Mt. 25,1-13)

►Iluminar la Palabra
Jesús dirige esta parábola-enseñanza a los discípulos que le acaban de preguntar sobre cómo será la señal de su venida. Pero Jesús lo que quiere subrayarles no es tanto el cuándo y el cómo acontecerá, sino la actitud de vigilancia del discípulo: velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Les quiere hacer entender que ha sido la negligencia lo que ha dejado fuera a aquellas doncellas a las que Jesús ha dado el nombre de necias. Mientras que Jesús alaba la constancia de las que llama prudentes.
Cuando Mateo escribe el evangelio muchos cristianos que habían seguido al maestro estaban cayendo en la desesperanza y la fe se debilitaba. Esta parábola y las que leeremos los domingos siguientes, son una llamada a la esperanza y a la responsabilidad. También nos habla el evangelista de la promesa de un encuentro, pero es necesario velar porque no sabemos ni el día ni la hora.

►Orar y contemplar la Palabra
Comienzo la oración dirigiendo al Señor estas palabras: Señor, son estos momentos de silencio y encuentro contigo los que me sostienen, los que me ayudan a estar vigilante en todo tiempo. Tú nunca me has fallado, Señor, siempre estás ahí. Concédeme la constancia para saber mantener siempre mi lámpara encendida
– Vuelvo de nuevo a leer el texto sintiendo la fuerza de las palabras que vemos subrayadas.
– Jesús llega de noche, su rostro es el de los últimos de este mundo, de los pobres, de los que pasan hambre, de los encarcelados… sólo la sed de un encuentro, sólo la fe de nuestra lámpara encendida, puede iluminar esos rostros y descubrir en ellos el rostro de Jesús, el esposo.
– ¿Cómo es mi fe? ¿Cómo mi esperanza? ¿Cómo mi amor?
Señor Jesús, concédeme un oído atento y una mirada vigilante para descubrir los signos de tu venida, las señales de tu presencia. Dame coraje para mantener mi lámpara encendida. Dame la fortaleza de la fe, de la esperanza y del amor.

►Actuar desde la Palabra
Puedo durante esta semana mirar, con una mirada contemplativa, los rostros de tantos hombres y mujeres con los que encuentro cada día. ¿Descubro el rostro de Jesús en ellos, iluminado por la luz de la fe?