DOMINGO 6º DE PASCUA (Día 21 de mayo)

34

La liturgia nos ofrece un texto que nos invita a penetrar más hondamente aquellas otras palabras de Jesús: a vosotros os llamo amigos. El amigo conoce, el amigo está siempre referido a aquel que ama y percibe su presencia, aún en la ausencia. Jesús, este domingo nos habla de esa permanencia, entre los suyos, a través del Espíritu, que les iluminará, será su consejero y su consolador. No os dejaré huérfanos, es la promesa del amor.

►Escuchar y acoger la Palabra
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si me amáis guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os de otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. (Jn 14, 15-21)

►Pensar la Palabra
La promesa de Jesús es su Espíritu. Jesús garantiza la presencia de otro Defensor, abogado, protector… animador del proceso de crecimiento en la fe del creyente. Él es también el Espíritu de la Verdad. Él nos conduce a la verdad completa y es signo de su presencia continua en la historia. El mundo no está huérfano porque Él está con nosotros. La promesa del Espíritu en su plenitud sigue aún pendiente en la historia que anhela por su presencia. Estas palabras de Jesús nos llenan de optimismo y esperanza. No todo está perdido. El permanece a nuestro lado y reaviva la esperanza. Cuando dejamos que el Espíritu inunde nuestra vida todo adquiere sentido.

►Orar y contemplar la Palabra
-Busco un lugar donde pueda dialogar con Jesús serenamente. Enciendo una vela, signo del Señor resucitado, o algún otro signo que me simbolice su presencia.
-Recorro el texto: ¿Qué dice Jesús a sus discípulos, sus amigos? ¿Puedo yo situarme entre ellos, como amigo de Jesús?
– ¿Cómo acojo su promesa? Vendrá el Espíritu… ya está en medio de nuestra iglesia, de nuestra comunidad. Nos invita a formar parte de esa comunidad que forman el Padre, el Hijo, el Espíritu, comunidad de amor, de comunión, de compromiso.
– Puedes orar con las palabras de San Agustín, suplicando la presencia del Espíritu como cumplimiento de la promesa de Jesús: le pediré al Padre que os de otro Defensor.
Oración de San Agustín:
Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de sabiduría:
dame mirada y oído interior / para que no me apegue a las cosas materiales, / sino que busque siempre las realidades del Espíritu.
Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de amor:
haz que mi corazón / siempre sea capaz de más caridad.
Ven a mí, Espíritu Santo, / Espíritu de verdad:
concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna:
concédeme la gracia de llegar /a contemplar el rostro del Padre; en la vida y en la alegría sin fin. Amén.

►Actuar desde la Palabra
Durante esta semana quizá te puedas comprometer a orar, cada día, con la oración de San Agustín, para que el Espíritu llegue a cada uno de nosotros, llegue a su iglesia, llegue al mundo entero con su capacidad de renovación y transformación.