DOMINGO CUARTO. TIEMPO ORDINARIO (29 de enero)

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Celebramos el cuarto domingo del tiempo ordinario. Jesús que, en el lago de Galilea, acaba de invitar a los primeros discípulos a seguirle para compartir su proyecto, en el evangelio de este domingo, el evangelista Mateo lo presenta como maestro: sentado en medio del gentío, rodeado ya por sus discípulos. Jesús presenta un programa, un estilo de vida que ha de marcar a todos aquellos que quieran seguirle.

►Escuchar y acoger la Palabra
Escuchar la Palabra significa tener el oído atento y vigilante. El oído exterior y el oído interno. Escuchar con el corazón al Amigo que sabemos nos trae un mensaje liberador, humanizador. Acogerla, nos pide dar un paso más, nos pide estar dispuestos a actuar según lo que hemos escuchado, hacerla vida de nuestra vida.

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios». Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. (Mt 5, 1-12)
►Pensar la Palabra
Jesús presenta su programa enmarcado en una promesa de felicidad. Dichosos… dichosos vosotros… Y por felicidad se entiende sentirse bien, disfrutar de la vida y desear que ese sentimiento se mantenga. Y para alcanzar la felicidad Jesús no propone prácticas religiosas, sino formas de comportamiento humano que casi se podrían resumir en esto: las personas son más felices si son compasivas. En esto se condensa y sintetiza todo. Quizá después de este año jubilar que tanto hemos reflexionado, orado y compartido sobre la misericordia, nos sea fácil entender esto.

►Orar y contemplar la Palabra
Antes de continuar orando, pido al Señor gracia para recibirle como maestro de mi vida. Que su palabra se haga realidad en mí, que sepa buscar la verdadera felicidad.

Me sitúo, en medio del gentío, junto a los discípulos, dispuesto a escuchar de nuevo la enseñanza de Jesús. Puedo volver a leer el texto.
Quizá no entiendo muy bien cómo se puede encontrar la dicha, la felicidad, en la pobreza, en el sufrimiento… quizá me resulte más fácil descubrirlo en la misericordia, en la limpieza de corazón, en la búsqueda de la paz.
-Le pregunto a Jesús: ¿Qué quieres descubrirme hoy a mí con esta enseñanza?
-Intento “saborear”, “gustar”, una a una cada bienaventuranza. ¿Tengo alguna experiencia que me ayude a entenderlo mejor…?
-Me paro un momento en la última frase: Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. No sólo es una promesa de futuro, es ya de presente. Es la alegría del Reino, porque el Reino de Dios no se basa en la fuerza, sino en la verdad. Y el Reino de Dios está ya aquí.

►Actuar desde la Palabra
Contemplo a Jesús. ¿Cómo me habla su vida, cómo me ayuda a entender su mensaje?
¿Dónde reside su felicidad? A lo largo de este tiempo nos iremos encontrando con él en distintas situaciones, modos de actuar, palabras… todo ello nos irá dando luz para entender y abrazar este programa.

Voy terminando este rato de oración. Hago silencio de pensamientos… de palabras… dejo que salga a mí consciencia aquello que ha tocado más fuertemente mis emociones, mis deseos…
– Siento que Jesús me llama por mi nombre y me dice: serás dichoso si…
– ¿Dónde pongo yo mi felicidad… cómo tiene que ser mi vida para comprometerme con el programa que Jesús me propone?
– De nuevo puedo repasar esas actitudes, ese comportamiento que señala cada una de las bienaventuranzas. Me paro en aquella que en este momento tenga más fuerza para mí porque necesite profundizar más en esa actitud, porque vea que tengo que hacer camino en ese sentido, porque desee pedir perdón por mi falta de respuesta…
-Doy gracias a Jesús por este rato vivido en su presencia, a la escucha de la Palabra… le pido fuerzas para caminar según su programa de vida. AMEN.