DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (11 de junio)

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El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”. Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. (Pagola)

►Escuchar y acoger la Palabra
“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado: el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”. (Juan 3, 16-18)

►Pensar la Palabra
La Iglesia nos convoca hoy a contemplar el ser de Dios, revelado a partir de la Encarnación. Dios nos ha revelado su verdadero rostro en Jesucristo. Dios es amor, es comunión de personas. Dios es sobre todo una experiencia que se manifiesta a través de la historia de fe. Dios es un Padre.
En Jesús se nos revela quién y cómo es Dios. Esa revelación nos ha llevado a confesar que: Dios es Padre, que nos ha manifestado su amor en su Hijo Jesucristo y nos da su Espíritu para llevar adelante nuestra esperanza. Su verdadero ser es ser comunidad.
La Trinidad es raíz y modelo de la comunidad universal. Creados a su imagen, las personas sólo nos desarrollamos en un ambiente relacional y comunitario.
A nosotros nos toca crear y hacer posible ese pueblo nuevo, donde no haya soledades, ni violencias, ni injusticias, sino luz de amor.

►Orar y contemplar la Palabra
El misterio de Dios nos habla de amor, de vida, de sanación, de salvación.
– ¿Quién es Dios para mí? ¿Quién es Dios para nosotros, cristianos del siglo XXI? ¿Qué Dios anunciamos con nuestras palabras y con nuestros hechos?
* Me quedo saboreando estas palabras: Dios envió a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por Él.
– ¿Yo hago posible que, en el ambiente de mi parroquia, de mi vecindario, de mi familia, renazca ese “pueblo nuevo” donde no haya soledades, ni violencias, ni injusticias…?
– Señor, Dios, descúbreme tu verdadero rostro.
Hazme sentir tu presencia de amor y de vida.
Concédeme crear a mi alrededor gestos de comunión y de paz.

►Actuar desde la Palabra

Durante esta semana, cuando me pare para hacer mi oración, pediré a Dios Padre, por medio de Jesucristo, y con la fuerza de su Espíritu, poder conocer y saborear este misterio de Dios.

* Rezo lentamente el Padrenuestro poniendo especial atención en las palabras: SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

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