DOMINGO DE PENTECOSTÉS (Día 20 de mayo)

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La contemplación a la que Teresa nos invita, durante esta semana, nos lleva a descubrir la fuerza de la Palabra que actúa en nosotros, aquello que significa: el gozo de una presencia y la paz que supera todos los miedos.

Aparécese el Señor en este centro del alma… como se apareció a los apóstoles, sin entrar por la puerta, cuando les dijo: Pax vobis… esta salutación del Señor debió ser mucho más de lo que suena… porque como las palabras del Señor son hechas como obras en nosotros, de tal manera debían hacer la operación en aquellas almas. (7M 2, 8-9)

 

 Escuchar y acoger la Palabra

“Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio de ellos y les dijo: ‘Paz a vosotros’. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús les repitió: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo’. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. (Juan 20, 19-23)

 

►  Iluminar la Palabra

Han pasado cincuenta días desde la Pascua de resurrección. Hoy la Iglesia celebra el acontecimiento de Pentecostés. Pentecostés representa, y así lo expresa Juan en su evangelio, la transformación, el cambio radical de los discípulos de Jesús: del desconcierto y la primera incredulidad ante el descubrimiento de la tumba vacía, a la alegría de los discípulos al ver al Señor. Ver al Señor es la confirmación de la experiencia pascual.

Jesús resucitado rompe la decepción y el miedo y les  envía con la fuerza del Espíritu a mostrar al mundo la salvación de Dios: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Por último Jesús exhala su aliento sobre ellos, como gesto de una nueva creación, y les dice: Recibid el Espíritu Santo.

Es el punto culminante del relato. Es el momento cumbre del cumplimiento de las promesas.

La presencia de Jesús resucitado abre las puertas cerradas, barre los miedos, fortalece los ánimos y devuelve la esperanza.

 

Orar y contemplar la Palabra

El misterio de Pentecostés y la Palabra que acabamos de leer nos invita a mirar a nuestra iglesia. Nosotros somos los nuevos discípulos.

-Necesitamos experimentar la alegría del encuentro con Jesús resucitado.

– Necesitamos acoger su paz.

– Necesitamos recibir la misión de perdonar y reconciliar.

– Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos devuelva la vida y la alegría, que fortalezca nuestro ánimo y nos devuelva la esperanza y la pasión por el Reino.

 

>  ¡Ven Espíritu Santo!  Despierta nuestra fe, a veces débil y vacilante.

   ¡Ven Espíritu Santo! Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que no se pierda del mundo su memoria.

   ¡Ven Espíritu Santo! Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días.

   ¡Ven Espíritu Santo! Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Haz de nosotros una iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa, abriendo caminos al reino de Dios.