Domingo sexto. Tiempo ordinario (12 de febrero)

18

Leyendo con atención el evangelio nos vamos dando cuenta de que las tres preocupaciones fundamentales de Jesús fueron: 1) la salud de los enfermos; 2) la alimentación de los pobres; 3) las relaciones humanas entre las personas. Estos son los tres pilares de su espiritualidad y de su religiosidad.

Escuchar y acoger la Palabra

Escuchar la Palabra en este texto que nos ofrece Mateo este domingo es estar atento a la novedad que Jesús trae y que se expresa en sus palabras: habéis oído que se dijo a los antiguos… Pero yo os digo. (El texto es largo. Aunque no podamos reproducirlo íntegramente, te invito a leerlo entero.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas! No he venido a derogar, sino a dar plenitud (…) os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos (…)
Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás… Pero yo os digo: Todo el que esté peleado contra su hermano será procesado, el que lo insulte… el que lo llame renegado.
Por tanto, si cuando vas a poner la ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano; y entonces vuelve a presentar tu ofrenda… (Mt 5, 17-37)

Pensar la Palabra

Dale vueltas en tu corazón. Descubre a Jesús, el Maestro, que quiere abrir caminos de plenitud y libertad a los que le siguen. En definitiva, el camino de felicidad con el que comienza el Sermón del Monte.

En el evangelio de hoy, Jesús explica la solución a tres problemas frecuentes. Afirma de una manera tajante: 1) la fe es incompatible con el enfrentamiento entre personas; 2) la fe es incompatible con el deseo de lo ajeno; 3) la fe es incompatible con cualquier forma de juramento. Jesús lleva a plenitud la Ley y los Profetas: la religión de Jesús consiste en que lleguemos a ser profundamente humanos. Jesús denuncia el legalismo que se contenta con guardar los preceptos y llama a la actitud interior. Con esa repetición: pero yo os digo pone de manifiesto la novedad que él trae en el modo de vivir la Ley.

Orar y contemplar la Palabra

Voy haciendo silencio interior. Sólo la Palabra saboreada, que me vaya calando como lluvia sobre el césped. Penetrando suavemente.

Pido al Señor libertad de espíritu y sinceridad de corazón. Reviso mis actitudes: quizá yo también me he perdido en legalismos, fiel a la letra de tantas leyes y empobrecido el espíritu. ¿Cómo resuenan en mis oídos estas palabras?: porque os digo que, si vuestra fidelidad no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de Dios.

Actuar desde la Palabra

Quiero ser fiel a la Palabra que Jesús nos ha regalado en este domingo y quiero vivir ahondando en el compromiso:

La sinceridad de corazón y la sinceridad en el obrar. Jesús deja muy claro el modo de actuar, si quiero vivir le plenitud de la Ley:
*Deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano…
*Muéstrate conciliador con el que te pone pleito, sin perder tiempo, mientras vais todavía de camino. Mientras dura el día.
*Que vuestro sí sea un sí y vuestro no un no. Con estas palabras termina esta parte del discurso, que nos ayudan entender lo que significa vivir en verdad. Es la característica del Reino

Termino la oración dirigiéndome al Padre con las mismas palabras con que nos enseñó Jesús: Padrenuestro