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El obispo de Santander, Mons. Manuel Sánchez Monge, ha ofrecido la colaboración de las comunidades y de los centros de acogida de la Diócesis para alojar si fuera necesario a familias de refugiados que huyen de la guerra y que se encuentran en una desesperada situación en varios países de Europa. Además, Mons. Sánchez recordó que muchos de los desplazados son cristianos.

Mons. Sánchez Monge ha efectuado este ofrecimiento haciéndose eco, así, de las palabras que pronunció ayer domingo el Papa Francisco durante el tradicional rezo del Ángelus.

En concreto, el Santo Padre pidió “a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa” que acojan a familias de refugiados en preparación al Jubileo de la Misericordia. De hecho también anunció que así lo iban a hacer en los próximos días “las dos parroquias del Vaticano”.

El Papa destacó que “ante la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y el hambre, y que han emprendido una marcha movidos por la esperanza, el Evangelio nos llama a ser “próximos” a los más pequeños y abandonados. A darles una esperanza concreta”, afirmó Francisco. “No vale decir sólo: ‘¡Ánimo, paciencia!…’ La esperanza cristiana es combativa con la tenacidad de quien va hacia una meta segura”, enfatizó.

Ante la proximidad del Jubileo de la Misericordia cuya apertura de la Puerta Santa de efectuará en Roma el 8 de diciembre próximo (solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María) el Papa efectuó ayer domingo un llamamiento a las parroquias, a las comunidades religiosas, a los monasterios y a los santuarios de toda Europa “para que expresen la concreción del Evangelio y acojan a una familia de refugiados”.

Se trata -precisó el Papa- de “un gesto concreto en preparación al Año Santo de la Misericordia”.

Crisis migratoria

Al referirse a la crisis migratoria, el Papa recordó que la misericordia de Dios viene reconocida a través de las obras humanas “como nos ha testimoniado la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta”, de la que ayer domingo 6 de septiembre se conmemoró el aniversario de su muerte.

Por este motivo, el Pontífice se ha dirigido expresamente a los obispos del Viejo Continente para pedirles que apoyen en las diócesis su llamamiento, “recordando que misericordia es el segundo nombre del amor: “Todo lo que hayáis hecho en favor del más pequeño de mis hermanos, a mí me lo habéis hecho’”. Y para dar ejemplo, el Santo Padre ha anunciado que en los próximos días “también las dos parroquias del Vaticano acogerán a dos familias de refugiados”.

Llamamiento de la Conferencia Episcopal

Por su parte, la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha emitido el pasado martes 1 de septiembre un comunicado que ha llevado por título, “Por una mayor generosidad en la acogida de los refugiados y desplazados de Europa”.

El texto resalta que día tras día “somos golpeados” por las noticias de numerosas personas, que, huyendo de la guerra o del hambre, acaban dejando la vida de manera trágica, en mar o en tierra, o se encuentran en situaciones extremas. Son hombres, mujeres y niños, en no pocos casos familias enteras, que lo han perdido todo. Sólo les queda la vida, y ésta amenazada.

“Sería horrible” que la repetición de los hechos “acabaran anestesiándonos”; que, como dice el Papa Francisco, “la globalización de la indiferencia acabara por secarnos las lágrimas”; que dejáramos de clamar contra “este grave crimen contra la familia humana”, como ha sido calificado también por el mismo Papa Francisco.

Europa, a cuyas puertas llaman angustiadas estas personas pidiendo refugio, ha de implicarse con mayor empeño en buscar soluciones globales.

“Clama al cielo” constatar, junto a las abismales desigualdades de renta media per cápita y de esperanza media de vida, la violencia y las persecuciones desatadas por fanatismos inhumanos o por otras razones políticas.

Desde la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, nos unimos, una vez más, al clamor de tantas organizaciones y comunidades cristianas, a hombres y mujeres de buena voluntad, que se sienten interpelados por esta dramática realidad que nos llega al corazón. No queremos quedar en el silencio para no ser cómplices de la indiferencia y de la llamada política del descarte que denuncia el Papa Francisco.

Obispo-Adorar

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