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Desde finales del siglo XIX, un gran número de estudiosos del Nuevo Testamento ha trabajado con la creencia de que, si no todas, la mayor parte de parábolas de los evangelios sinópticos son atribuibles al Jesús de la historia.

En este quinto tomo de Un judío marginal (sexto si tenemos en cuenta las dos partes que componen el segundo) John Paul Meier cuestiona ese consenso y defiende mediante una sólida argumentación que solo cuatro parábolas (El grano de mostaza, Los viñadores perversos, Los talentos y La gran cena) pueden ser asignadas al Jesús de la historia.

El profesor Meier aborda el controvertido tema de las parábolas con el mismo rigor y la misma penetración que le granjearon elogios en los anteriores volúmenes de la colección.

Con este trascendental y esperado tomo (publicado siete años después del último) el autor enriquece todavía más su magistral obra y da un paso ingente en su continua búsqueda del Señor de la Historia.

El primer volumen original se editó en 1991. Seis años más tarde se publicó por fin en español. Desde entonces, judíos, cristianos e incluso no creyentes han reconocido que Meier ha hecho una contribución invaluable e inmejorable al campo del estudio del Jesús histórico.

John Paul Meier, nacido en 1942, es un jesuita estadounidense e investigador bíblico. Estudió en St. Joseph’s Seminary and College (1964), en la Universidad Gregoriana (1968) y en el Instituto Bíblico (1976).

Es profesor de Teología en la Universidad Notre Dame y su labor investigadora incluye estudios sobre La Biblia, el Cristianismo y el Judaísmo en la antigüedad. Es también profesor de Nuevo Testamento en The Catholic University of America y ha sido director de la revista Catholic Biblical Quarterly además de presidente de la Catholic Biblical Association.

Su obra más importante, A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus (Un judío marginal) es el resultado de una exhaustiva reunión de información, erudición y material bibliográfico -como él mismo explica en la introducción del primer tomo- que inicia en 1984.

Sirviéndose de todos los conocimientos disponibles, su obra se centra en la historia del Mesías, haciéndolo con el máximo rigor científico y con un gran esfuerzo de objetividad. El Jesús histórico es un tema de permanente actualidad. Es, en nuestros días, cuando más interesa a iniciados e investigadores y suscita grandes discusiones que con frecuencia llegan a la opinión pública, especialmente en los Estados Unidos. El autor conoce muy bien estas controversias y opta -de forma muy acertada- por examinar de forma crítica y detallada todos los datos disponibles. Dando prioridad al análisis antes que a las opiniones y discusiones que suelen suscitar la mera interpolación de dichos datos.

Su método abarca una serie de criterios que parten de un supuesto que expone con contundente sencillez:
«Para explicar a mis colegas universitarios lo que me propongo hacer, suelo recurrir a la fantasía del “cónclave no papal”. Supongamos que, a un católico, un protestante, un judío y un agnóstico –todos ellos historiadores serios y conocedores de los movimientos religiosos del siglo I– se les encerrase en un lugar reservado de la biblioteca de la Escuela de Teología de Harvard, sometidos a una dieta espartana y con la prohibición de no salir de allí hasta haber alcanzado un acuerdo, reflejado en documento, sobre quién fue Jesús de Nazaret y qué intentó en su tiempo y lugar.

Exigencia primordial de ese documento sería que estuviese basado en fuentes y argumentos puramente históricos. La “fórmula de concordia” resultante -una fórmula no religiosa- tendría todos los defectos que suelen presentar las declaraciones ecuménicas redactadas por comisiones. A veces se buscaría cuidadosamente un lenguaje ambiguo para ocultar las disensiones, a veces se admitirían abiertamente puntos de divergencia en los que no se pudiese alcanzar un acuerdo. Probablemente, ese documento sobre Jesús no reflejaría la opinión total de ninguno de los miembros del famélico conclave, y ciertamente no contendría afirmaciones que el miembro católico o el protestante mantendrían con firmeza en virtud de su fe. La exigencia básica de que el documento consensuado fuera susceptible de verificación por todos y cada uno utilizando los medios de la moderna investigación histórica produciría un ángulo de visión estrecho, una percepción fragmentaria, quizá hasta distorsiones.

No obstante, algo se habría ganado. Tendríamos un bosquejo de lo que esa entelequia, “toda la gente razonable”, podría decir acerca del Jesús histórico. El documento en cuestión podría servir como base común, como punto de partida para un diálogo entre cristianos y judíos, entre las diferentes confesiones cristianas y entre creyentes y no creyentes, y como invitación para ulteriores investigaciones por parte de historiadores y teólogos.

Pues bien, esa limitada declaración de concordia, que no pretende sustituir al Cristo de la fe, es el modesto objetivo de la presente obra».
Acercarse a la realidad de entonces, a partir de los datos que hasta ahora nos han llegado, para alcanzar al “Jesús real”; a través de la investigación bíblica que cobra vida en este último y esperado tomo del teólogo norteamericano.

Y esta magistral obra junto con los otros tomos que componen la colección, ya están disponibles y se pueden adquirir en la Librería de nuestra diócesis, la Librería de Pastoral.

* Fuentes: Verbo Divino / Miguel Ángel Velasco Serrano / Luis Jovel / David Rubens / Diccionario de Teología, Louis Bouyer (Herder, 2009)

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