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HERMANOS EN CRISTO SACERDOTE Y TESTIGOS DE LA MISERICORDIA DE DIOS

Homilía en la Misa Crismal, 2016

La celebración de la Misa Crismal, en el pórtico de la Pascua, centra su mirada en Aquel que nos amó, Aquel cuyo corazón atravesaron: Jesús, el único Salvador del hombre. Aquel que en los días de su pasión, muerte y resurrección dio cumplimiento a la misión que el Padre le había encargado. La misión anunciada por los profetas, la proclamó públicamente Jesús mismo en la sinagoga de Nazaret -como hemos escuchado en el Evangelio- cuando dijo: “El Espíritu del Señor me ha enviado para anunciar la Buena Nueva…” (Lc 4, 18). Hoy se cumple esta escritura (cf. Lc 4, 21).

La misión de Jesús continúa en la Iglesia: “Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros”. Y el Señor la sostiene con la fuerza de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo que actúa de un modo especial en los sacramentos. En esta celebración, en la oración de la consagración del crisma, recordaremos que “cuando Cristo, nuestro Señor, salvó al mundo por el misterio pascual, quiso derramar sobre la Iglesia la abundancia del Espíritu Santo y la enriqueció con sus dones celestiales, para que en el mundo se realice plenamente, por medio de la Iglesia, la obra de la salvación”. Todo el pueblo santo de Dios ha recibido el honor del sacerdocio bautismal, en virtud del cual puede hacer de toda su vida una ofrenda agradable a los ojos de Dios. Y además, Cristo, con amor de hermano, ha elegido a hombres de este pueblo, para que por la imposición de manos participen de su sagrada misión.

1. Hermanos en Cristo Sacerdote.

Mis queridos hermanos sacerdotes: demos gracias a Dios por esta elección en virtud de la cual el Señor nos ha concedido, sin ningún mérito de nuestra parte, participar de la misión de Cristo, Cabeza, Pastor, Esposo y único Sacerdote, en favor del pueblo de Dios. Esta es nuestra grandeza y también nuestra responsabilidad. Tomemos conciencia de que este encargo que hemos recibido del Señor sólo lo podemos realizar adecuadamente unidos a Él: “sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Por eso, la primera pregunta que os haré (y me haré a mí mismo), al renovar hoy las promesas sacerdotales, será: “¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él…?”. Esta es la clave y el fundamento de nuestro ministerio. El día de nuestra ordenación, el Señor quiso decirnos dos cosas muy importantes: por una parte, que somos suyos, que le pertenecemos. Por otra, que estamos bajo su protección, que no estamos solos. Sólo desde nuestra unión con Cristo, cultivada en una oración asidua y sincera, podremos encontrar las energías necesarias y el amor incansable para llevar adelante, cada día, nuestra misión nada fácil. Sólo en el trato familiar con Cristo, que nos llama amigos, avivaremos la alegría de dar la vida por los hermanos como hizo Él.

Además, la misión de Cristo nos llevará a la unidad entre nosotros. Como la vid y los sarmientos, si todos estamos unidos a Cristo, estaremos unidos unos con otros.  El presbiterio del que formamos parte no es el resultado de un acuerdo o pacto entre nosotros, tiene su origen y su fundamento en el sacramento del Orden que hemos recibido, y que crea entre nosotros una ‘fraternidad sacramental’. Formamos un solo presbiterio (PO 8). La fraternidad sacramental y la comunión eclesial nos exigen superar el aislamiento, la independencia, el individualismo pastoral, etc. Por encima, pues, de toda diferencia ideológica o de cualquier otro orden, ha de prevalecer la unidad y la fraternidad de los presbíteros, cuyo fundamento sacramental es más fuerte y determinante que los mismos lazos humanos o el compartir los mismos criterios.

2. Testigos de la misericordia de Dios.

La sociedad actual reclama especialmente del sacerdote que sea testigo de la misericordia. La difícil situación por la que pasan muchas personas tanto en la cuestión económica como moral pide una cercanía generosa del pastor. “Aunque los presbíteros se deben a todos – nos recuerda el Concilio Vaticano II- sin embargo tienen encomendados de manera especial a los pobres y los más débiles, con los que el Señor mismo se muestra unido y cuya evangelización se da como signo mesiánico”.

Como nos recordaba hoy la Palabra de Dios: ungido por el Espíritu Santo, Jesús fue enviado “para dar la Buena Noticia a los pobres, para vendar los corazones desgarrados… para dar libertad a los cautivos… para consolar a los afligidos… para cambiar su abatimiento en cánticos.” (Is 61, 1-3). A lo largo de la historia de la Iglesia los santos pastores han sido considerados como “padres de los pobres” y como “médicos de las almas”.

Decía el papa Francisco en una homilía: “El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo humildemente, es el mensaje más fuerte del Señor: la misericordia. Pero El mismo lo ha dicho: “no he venido para los justos: los justos se justifican por sí mismos…, yo he venido a buscar a los pecadores”.  No conocemos el corazón del Señor, y no tenemos la alegría de sentir su misericordia. No es fácil confiarse a la misericordia de Dios, porque es un abismo incomprensible” (Papa Francisco, Homilía del 5º domingo de Cuaresma, 17.03.2013)

Queridos hermanos, no nos cansemos de hacer el bien. Conozco vuestra preocupación y a veces vuestro agobio al no poder dar respuesta satisfactoria a todas las personas que llaman a vuestras puertas. Que no nos falte disponibilidad para estar cerca, para escuchar, aconsejar, acompañar, animar a quien nos necesita y  compartir hasta donde nos sea posible.

Hermanos sacerdotes, nuestra misión es muy hermosa cuando se realiza compartiendo los sentimientos de Cristo que nos amó entregando su vida. Hoy, en esta Eucaristía, pedimos al Señor que llene nuestros corazones de caridad pastoral y de confianza. Por mi parte, deseo agradeceros sinceramente vuestro servicio y entrega. Que el Señor haga fecundos nuestros trabajos y nos conceda su fuerza en las dificultades.

Recordamos hoy también a los sacerdotes enfermos y a aquellos que por un motivo importante no han podido acompañarnos en esta hermosa celebración

+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander

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