I DOMINGO DE ADVIENTO (Domingo 3 de diciembre)

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Teresa de Jesús, en sus Exclamaciones nos invita a pedir incesantemente la presencia de Dios, del mismo modo que nos habla el evangelio, una espera vigilante: ¡Oh deleite mío, Señor de todo lo criado y Dios mío! ¿Hasta cuándo esperaré ver vuestra presencia? ¿Qué remedio dais a quien tan poco tiene en la tierra para tener algún descanso fuera de Vos? ¿Señor, cuándo, hasta cuándo?, ¿qué haré, Bien mío, qué haré? ¿Por ventura desearé no desearos? (6 y 7)

► Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: ‘estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a mediodía, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!’ (Marcos 13, 33-37)

► Iluminar la Palabra

Terminábamos el año litúrgico con una llamada a estar vigilantes y alerta. Al comienzo del nuevo año, con el Adviento, la Iglesia nos vuelve a hacer la misma llamada. El evangelista Marcos pone en boca de Jesús estas palabras: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa. La llamada del Adviento es una llamada de esperanza. Una llamada a vivir en vigilante espera. Esa vigilia, a la que estamos invitados, anuncia la llegada del que viene para ese encuentro definitivo, entre lo divino y lo humano, en la persona de Jesús de Nazaret. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, dice Pablo en la carta a los cristianos de Corinto, que se lee también este domingo. Y el profeta Isaías nos estimula también a la esperanza con la belleza de su palabra: Jamás oído oyó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él.

►Orar y contemplar la Palabra

La oración del Adviento es el clamor de todo el género humano que arde en el deseo de ver hecha realidad la promesa de la venida del Mesías prometido: ¡Cielos lloved vuestra justicia, ábrete tierra, haz germinar al Salvador!

La actitud fundamental del Adviento es la esperanza de un encuentro personal y un encuentro de todo el género humano.

La esperanza nos la traduce Jesús, en el evangelio de este domingo, como una actitud positiva de vigilancia: ¡Velad! Prestad atención, el Señor ha de venir, y no sabemos cuándo.

¿Dónde y cómo podemos encontrar al Señor?

Como María nuestra primera actitud es la apertura orante: la seguridad en la promesa y el deseo ardiente de que Dios venga a mi vida.

Como los profetas yo estoy llamado a anunciar a las gentes esta venida del Señor: ¡Mirad el Señor llega y viene para consolar, para liberar, para fortalecer…!

Como Juan Bautista yo estoy llamado a preparar el camino, allanar los senderos para que sea posible la justicia y la paz en esta tierra.

►Actuar desde la Palabra

Durante esta semana quiero comprometerme a vivir desde las actitudes que he contemplado en las figuras del Adviento:

Con María: quiero cada día crecer en el deseo de Dios

Con los profetas: quiero ser vocero de Dios y decir con mi vida que Dios viene para consolar, para liberar, para fortalecer.

Con Juan Bautista: y como él quiero preparar los caminos al Señor, para que triunfe la justicia, y la paz en esta tierra.