II DOMINGO DE ADVIENTO (Domingo 10 de diciembre)

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Teresa de Jesús en esta expresión de su amor orante nos invita a proclamar el poder de Dios, que es proclamar su amor y misericordia. Como señala el Bautista ‘detrás de mi viene el que puede más que yo’. Él nos libera de nuestro pecado. Poderoso sois, gran Dios. Si sois poderoso, como lo sois, ¿qué hay imposible al que todo lo puede? Quered Vos, Señor mío, quered, que aunque soy miserable, firmemente creo que podéis lo que queréis, y mientras mayores maravillas oigo vuestras y considero que podéis hacer más, más se fortalece mi fe y con mayor determinación creo que lo haréis Vos

► Escuchar y acoger la Palabra
Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos’. Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo’ (Mc 1, 1-8)

► Iluminar la Palabra
El evangelio de esta segunda semana nos presenta la figura de Juan Bautista, el precursor que anuncia la venida de Aquel que viene con un nuevo bautismo, con la fuerza del Espíritu que realmente renovará la faz de la tierra. Desde el comienzo de su evangelio, Marcos, pone de relieve la centralidad de la persona de Jesús: él es la Buena Noticia, anunciada ya por los profetas. Isaías en la lectura de este domingo dice: vendrá como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazo los corderos, y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían. La llamada a la conversión, propia de este tiempo, se centra en la aceptación de este amor sin límites de Dios, nuestro pastor.

►Orar y contemplar la Palabra
Preparad el camino del Señor, dice uno de los cantos propios del Adviento, y escuchad la Palabra de Dios.
Un tiempo, éste, para crecer en fidelidad a la lectura de la Palabra, con el oído atento a la escucha, sintiendo que la Palabra me viene dirigida a mí. Una palabra de misericordia y amor.
La llamada de este domingo es a la conversión, a revitalizar en mí la vivencia del bautismo, del perdón de los pecados, a la luz de la Buena Noticia que es Jesucristo.
Preparad el camino, enderezad sus senderos.
-¿Qué significa para mí esta invitación? Intento descubrir cuáles pueden ser los obstáculos que me dificultan para acoger con plenitud su venida, hoy, en mi situación concreta: en mi relación con Dios, en mi relación con los demás, en mi vida personal.
-¿Cómo puedo yo anunciar a otros, como Juan, el gozo de la venida del Hijo de Dios, que la salvación está ya cerca?

►Actuar desde la Palabra
Durante esta semana quiero vivir consciente del significado de mi bautismo. Doy gracias. Pido fidelidad a este regalo de la fe.
Reconozco la presencia del Espíritu Santo en mi vida, que hace crecer en mi la Vida, el deseo de ser discípulo de Jesús, el compromiso por ser su testigo.