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♦ Texto para la oración
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y   la tiniebla no lo recibió. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Padre, lleno de gracia y de verdad.  (Jn 1, 1-18)

♦ Comentario al texto
Leemos en la primera lectura lo que dice el profeta Isaías: qué hermosos son, sobre los montes, los  pies  del  mensajero  que anuncia la paz. Es la buena noticia anunciada a un pueblo desesperanzado ante el sufrimiento del destierro. También nosotros hoy vivimos momentos de dolor y sufrimiento ante esta crisis económica, de falta de trabajo, ante la ola de violencia que vemos a nuestro alrededor, ante situaciones personales…   El evangelio de San Juan nos hace entender que el mensajero de paz es Jesús mismo, Palabra salida del Padre, Palabra de  vida  que  nos  ha  dado  a  conocer  y  sentir  la salvación de Dios.“Alegrémonos: no puede haber tristeza cuando nace la vida” escribe S. León Magno. San Juan de la Cruz, desde su experiencia de encuentro con Jesús, nos ayuda a entrar en la comprensión del prólogo del evangelista: “en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola palabra y no tiene más que hablar”.

♦ Momento de oración
Si puedo, me sitúo, para orar, ante alguna representación del misterio de Belén. Allí, en adoración como los pastores, busco algún momento para leer de nuevo los textos que nos regala la liturgia de este día.
Puedo orar diciendo: Jesús, palabra humana, en ti vemos al
Padre Dios que nos habla.
Tú nos traes la noticia de su amor incondicional siempre.
Tú nos has abierto su corazón de Padre comprensivo y perdonador.
Tú nos entregas su Espíritu que nos hace hijos y hermanos.
Tú eres nuestro compañero, amigo y maestro, tráenos la paz, haznos mensajeros de paz.
Quiero contemplarte, Jesús, escuchar de tus labios este mensaje de paz que conforte mi corazón y te pido por tantos hombres y mujeres que viven con falta de paz y alegría.

En el año de la MISERICORDIA
Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia… Recordemos al profeta Isaías, cuando afirma que, aunque nuestros pecados fueran rojos escarlata, el amor de Dios los volverá blancos como la nieve. Es hermoso, esto de la misericordia.
(Papa Francisco. Angelus 17 de marzo 2013)

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