IV DOMINGO DE PASCUA

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Santa Teresa nos invita a contemplar a Jesús como Buen Pastor. Él atrae a sus ovejas con un silbo amoroso que el alma reconoce y le hace adentrarse en la experiencia de un encuentro.

Visto ya el gran Rey, que está en la morada de este castillo, su buena voluntad, por su gran misericordia quiérelos tornar a él y, como buen pastor, con un silbo tan suave, que aún casi ellos mismos no lo entienden, hace que conozcan su voz y que no anden tan perdidos, sino que tornen a su morada. Y tiene tanta fuerza este silbo del pastor, que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados y métense en el castillo. (4 Moradas 3, 2)

 

 Escuchar y acoger la Palabra

Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas, el asalariado,  que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago  y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido del Padre. (Jn 10, 11-18)

 

►  Iluminar la Palabra

Seguimos ahondando en la identidad de Jesús, que hoy la liturgia nos lo presenta como el Buen Pastor. Para el mundo bíblico se trata de una imagen cercana, conocida. Los más grandes personajes bíblicos son designados con este apelativo. Dios  mismo es denominado “pastor de Israel”.  También es importante entender la metáfora de las ovejas que pone de relieve la connotación de ser cuidado, estar protegido, sentirse en buenas manos. Este lenguaje era muy cercano a la cultura del pueblo para el que Jesús hablaba. Esta parábola pone de manifiesto la situación en la que se encontraba el pueblo, en manos de dirigentes que no han ejercido su poder como buenos pastores, sino como asalariados. Señala además las características del Buen Pastor: da su vida por las ovejas; y las conoce: conozco a las mías, y las mías me conocen. Jesús expresa la relación de amor que se establece y lo compara con la relación que hay entre Él y su Padre. Y ésta es la voluntad del Padre para Él: este mandato he recibido del Padre. Hace también referencia al valor universal de su misión: Tengo también otras ovejas que no son de este redil. Y manifiesta que la salvación ha llegado para todos: también a esas las tengo que atraer.

 

Orar y contemplar la Palabra

-Si tengo posibilidad me sitúo, para este rato oración, ante una imagen de Jesús Buen Pastor, y vuelvo, una y otra vez, sobre la lectura del texto. Pido al Espíritu la gracia de entender y saborear esta palabra de Jesús, de escuchar y saborear su silbo amoroso.

-Seguramente que yo ejerzo autoridad en algún contexto: madre o padre, lidero una comunidad o ejerzo algún servicio de autoridad.

Puedo preguntarme, contemplando esta imagen de Jesús, Buen Pastor, ¿yo cómo lo ejerzo? Jesús en otro momento había dicho: El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor.

*¿Ejerzo la autoridad como el que sirve, o caigo en la tentación de dominar?

*¿Estoy en disposición de dar la vida por las personas que están a mi cargo o huyo ante cualquier dificultad, evadiendo mi responsabilidad?

Tengo también otras ovejas que no son de este redil, dice Jesús.

*¿Cómo actúo yo con los que considero que no son “de los míos”?

*En silencio doy vueltas en mi interior a esta frase de Jesús: También a esas las tengo que atraer, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. ¿Me ocupo y preocupo de los otros?