Télam Rio de Janeiro Brasil 27/07/2013 El Papa Francisco durante la celbración de la misa en la Catedral San Sebastian en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud que se lleva a cabo en esta ciudad. Foto: AFP/Pool/Luca Zennaro/ef

“La alegría del amor: Sobre el amor en la familia”

El papa Francisco acaba de publicar la exhortación ‘Amoris laetitia’ sobre el amor en la familia. Es una obra extensa que trata una amplia temática en torno a la realidad familiar y será punto de referencia durante no poco tiempo poniendo el acento en la belleza del matrimonio y la familia desde el punto de vista cristiano. La novedad principal que aporta es subrayar una actitud de acompañamiento. El Papa Francisco reconoce la complejidad de la vida familiar moderna. Pero acentúa mucho más la necesidad de que la Iglesia esté cerca de las personas sin importar la situación en qué se encuentren o lo alejados que se puedan sentir de la Iglesia: comprender, acompañar, integrar y tener los brazos abiertos especialmente para los que sufren (AL 312). Este escrito no es simplemente un texto teórico desconectado de los problemas reales de la gente.

El título mismo recuerda constante y concretamente la belleza de la vida familiar, a pesar de todos los problemas que conlleva.
Aunque es un documento amplio es importante que todos los católicos lo leamos, aunque cada uno puede fijarse en algunos capítulos. Por ejemplo, a los casados les interesará especialmente el capítulo IV sobre “El amor en el matrimonio”, el capítulo V, “Amor que se vuelve fecundo” y el capítulo VII, “Fortalecer la educación de los hijos.”

Buena parte de la controversia en torno al Sínodo se ha centrado en la posibilidad de que los divorciados que se han vuelto a casar civilmente puedan comulgar ¿qué enseña a este respecto ‘La alegría del amor’? No se pronuncia definitivamente sobre esa cuestión. Pero en el capítulo VIII, “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad”, analiza en profundidad cómo las reglas generales no se aplican estrictamente a cada situación en particular. Y por eso  es necesario tener en cuenta la complejidad de cada situación. El Papa llama a los pastores y a los que trabajan en la pastoral de la familia a escuchar con sensibilidad a cualquier persona que se sienta herida y a ayudarla a experimentar el amor incondicional de Dios.

Una palabra recurrente en este documento es “discernimiento”. ¿Quiere  decir sencillamente que cualquiera puede buscar un sacerdote compasivo para que le diga que todo está bien? El discernimiento nos lleva a ser dóciles al Espíritu en cada situación concreta de la vida con humildad y en búsqueda sincera de la voluntad de Dios. El Papa Francisco pide a los pastores y a los fieles que disciernan cuidadosamente las situaciones concretas. Todo sacerdote o agente de pastoral ha de esmerarse en ayudar a las personas a crecer espiritualmente. Sabemos que no hay recetas fáciles, ni “talla única”, ni excepciones rápidas y simples. Al mismo tiempo, el discernimiento nunca puede separarse de las exigencias de verdad y caridad del Evangelio ni de las enseñanzas y de la tradición de la Iglesia.

Hay muchos católicos divorciados que se han vuelto a casar civilmente y que se esfuerzan por hacer las cosas bien y educar a sus hijos en la fe de la Iglesia. ¿Qué se les ofrece? Por medio de esta Exhortación les da la garantía de que la Iglesia y sus ministros se preocupan por ellos y por su situación concreta. Han de saber y sentir que forman parte de la Iglesia, que no están excomulgados. (AL 243) Aunque todavía no puedan participar plenamente en la vida sacramental de la Iglesia, se les anima a tomar parte activa en la vida de la comunidad. Un concepto clave de AL es la integración. Los pastores tienen que hacer todo lo posible para ayudar a las personas en estas situaciones a involucrarse en la vida de la comunidad. Cualquier persona en una llamada situación “irregular” debería recibir una atención especial. “Ayudar a sanar las heridas de los padres y ayudarlos espiritualmente es un bien también para los hijos, quienes necesitan el rostro familiar de la Iglesia que los apoye en esta experiencia traumática.” (AL 246)

Hubo un momento en que el Sínodo parecía ofrecer una nueva y amplia aceptación de los homosexuales en la Iglesia, AL parece ofrecer muy poco. La enseñanza de la Iglesia sigue siendo clara: el matrimonio es entre un hombre y una mujer, y las uniones homosexuales no se pueden equiparar al matrimonio cristiano. (AL 251) Dicho esto, es importante que todos aprendamos a imitar el amor incondicional de Dios por cada persona. “La Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús, que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción.” (AL 250) Este documento centra la atención en el matrimonio y la familia, pero también se dirige a una infinidad de personas que no están casadas. Entre ellas, los padres y madres solos, las viudas y viudos, los hombres y mujeres solteros – todos los cuales tienen lazos familiares-. Todo el mundo es un hijo o una hija; todo el mundo tiene una historia familiar; todo el mundo tiene lazos de amor con sus parientes y todo el mundo tiene amigos en situaciones familiares difíciles y dolorosas.

Al no es una crítica de los pontificados anteriores. Una rápida ojeada a las notas al pie de página muestra la profusión de citas de Juan Pablo II, en especial de la Familiaris consortio. El Papa Francisco también cita Deus Caritas est del Papa Benedicto XVI. Este documento ofrece esperanza en abundancia.
No es una lista de reglas o de condenas sino un llamamiento a la aceptación y al acompañamiento, a la participación y a la integración. Incluso cuando las personas – por muchas razones diferentes – no han sido capaces de cumplir con las exigencias de la enseñanza de Cristo, la Iglesia y sus ministros quieren estar a su lado para ayudarlas en su camino. “El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero.”(AL 296)

Una de las mayores preocupaciones de muchas parejas es espaciar los nacimientos; sin embargo, no parece ser un tema crucial en AL. ¿Por qué? En realidad el Papa se ocupa de este tema en varias secciones diferentes, por ejemplo en los nn. 42, 68, 82 y 222. Hace gran hincapié en el hecho de que los hijos son un don de Dios y una gran alegría para los padres, y se cita también la Humanae Vitae, reiterando que los cónyuges deben ser conscientes de sus obligaciones en relación con la paternidad responsable. (AL 68) En último término, la decisión sobre el espaciamiento de los nacimientos “presupone un diálogo consensuado entre los esposos.” (AL 222) sin olvidar que el Concilio Vaticano II ha subrayado la importancia de la formación de la conciencia, en la que se siente a solas con Dios. La exhortación impulsa también los métodos naturales de regulación de los nacimientos, ya que respetan el cuerpo y de hecho la “entera persona” de los cónyuges.

Teniendo en cuenta lo que llevo dicho, recomiendo que se lea sin prisas y se ponga en práctica. ‘La alegría del amor’ formula propuestas para que cambiemos el enfoque respecto a la familia: para acompañarla, para integrarla, para permanecer cerca de cualquier persona que haya sufrido los efectos del amor herido. Y por encima de todo, nos desafía a ser comprensivos frente a situaciones complejas y dolorosas. El Papa Francisco quiere que nos acerquemos a los frágiles con compasión, y no con juicios, para “entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura.” (AL 308)

+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander