Queridos diocesanos:

El Viernes Santo es el día que no parece llegar nunca al ocaso en Tierra Santa, que continúa viviendo un tiempo interminable de violencia. La situación de
Oriente Medio es de gran incertidumbre ya que padecen las consecuencias de la guerra en Siria. En Líbano y en Jordania se multiplican los refugiados en
campos cada vez menos adecuados. Sorprende el número de secuestros y asesinatos de cristianos en Siria y en otros lugares, la destrucción de iglesias,
hogares y escuelas. Esto provoca que los cristianos que viven en estas regiones se vean obligados a emigrar. Viven en la inseguridad o sufren la violencia, a
veces, simplemente porque profesan su fe, que es la nuestra. No obstante, hay hermanos allí que deciden permanecer donde Dios ha llevado a cabo en Cristo el
plan de la reconciliación universal. Allí están nuestras raíces, allí está nuestro corazón. Es muy importante la presencia de cristianos en aquellas benditas
tierras. Por eso todos los católicos tenemos contraída con ellos una deuda de gratitud.

La Colecta del Viernes Santo a favor de Tierra Santa es el principal recurso para el sustento de la vida y las obras de los que allí viven. Gracias a ella recibirán el apoyo necesario para estar cerca de los pobres y los que sufren, sin distinción de credo o etnia. Las  parroquias podrán sostener las escuelas donde cristianos y musulmanes están preparando un futuro de respeto y colaboración. Seguirán abiertos hospitales y clínicas, hospicios y centros de reunión también en
nuestros días. Seamos, pues, generosos

Muchos hermanos en la fe están viviendo en Tierra Santa el “ecumenismo de la sangre”. Queremos estar a su lado con toda solicitud. Oramos fervientemente
por la Comunidad católica de Tierra Santa: la latina de la Diócesis patriarcal de Jerusalén, la Custodia Franciscana y de otros grupos. Nunca debemos
resignarnos a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condición indispensable para una vida digna de la persona humana y de la
sociedad. La paz es también el mejor remedio para evitar la emigración de Oriente Medio. Oremos por la paz en Tierra Santa y en Oriente Medio,
esforzándonos para que este don de Dios ofrecido a los hombres de buena voluntad se difunda por el mundo entero.

+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander