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Texto para la oración

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: ‘No llores’. Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:’ ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: ‘Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo’.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera” (Lc 7, 11-17)

Comentario al texto

Hemos concluido la Pascua y la celebración de las grandes fiestas del Señor. Retomamos de nuevo el camino del llamado Tiempo Ordinario, en la Liturgia: El encuentro cotidiano y sereno con la vida de Jesús. Nos acompaña el evangelista Lucas que nos va a presentar, en estos capítulos, la figura de Jesús en su capacidad de estar presente a las necesidades y sufrimientos de las gentes. Este domingo nos habla del encuentro con el dolor de una madre: sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre viuda. Nos presenta también a los discípulos como espectadores de estos hechos: iban con el los discípulos y mucho gentío y nos pone de manifiesto la reacción de Jesús: al verla el Señor, le dio lástima. Jesús, acompañado de sus discípulos y del gentío, es el maestro de la compasión, de la respuesta bondadosa ante cualquier sufrimiento de la persona. Jesús siente la vulnerabilidad de esa mujer, viuda, que se queda sin su único hijo varón, que, en aquella sociedad, era el único que le podía garantizar seguridad y dignidad. Jesús se conmueve por la suerte de esa mujer, se solidariza, se compadece, la toma en cuenta.

Oración con el texto

-Durante esta semana voy a volver, si puedo cada día, sobre este texto del evangelio del domingo. Busco un lugar propicio donde pueda, serenamente, encontrarme con el Señor. (Bastaría con 15’ diarios)

– El primer día voy a reflexionar sobre el comentario evangélico: Pido al Señor me haga entender esta Palabra, su contenido.

-Los otros días de la semana, después de haber leído el comentario al texto, voy a centrarme sobre el Evangelio proclamado este domingo.

*¿Cómo presenta a Jesús el evangelista? Leo lentamente el texto y me voy dando cuenta de los distintos elementos de la escena: Jesús de camino rodeado de los discípulos y un gentío que le sigue… El encuentro con otra multitud de gente que llevan a enterrar a un muerto. Frente a frente dos comitivas: Jesús portador de vida – los que acompañan a un muerto.  Al verla el Señor, le dio lástima. Devuelve la vida a su hijo único y se lo entregó a su madre.

-Me quedo contemplando esa mirada de Jesús. Capaz de ir más allá de todo el gentío que le rodea, se para ante esa mujer viuda, conmovido.

– Pido esa mirada compasiva de Jesús para mirar a las personas con las que me encuentro cada día y sentir en mi interior su dolor, su sufrimiento, su vulnerabilidad y dejarme afectar por ello.

– Puedo preguntarme por mi disposición personal a la solidaridad y al compromiso en favor de las víctimas, de los que no tienen lugar en la sociedad, de los excluidos. ¿Qué lugar ocupa la compasión en mi vida, en mi compromiso diario, en el sentido de mi vida?

– Hago silencio interior y contemplo de nuevo la escena, sobre todo me pongo ante esa imagen de Jesús y oro, suplico, escucho…

En el año de la misericordia

Puedo terminar la semana recogiendo mi experiencia con este comentario del Papa Francisco: Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios. (Hace el camino con sus discípulos a los que invita) a estar con Él y sumirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios: Un gran profeta ha surgido entre nosotros.

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