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♦ Texto para la oración
En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: ‘Auméntanos la fe’. El Señor contestó: ‘Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ‘En seguida, ven y ponte a la mesa’? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú’? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: ‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. (Lucas 17, 5-10)

♦ Comentario al texto
Nos damos cuenta que en este itinerario que narra Lucas de la subida de Jesús a Jerusalén la principal tarea del Maestro es la de enseñar. Jesús lleva a cabo, para los discípulos y para toda la comunidad cristiana, un itinerario de aprendizaje. El texto proclamado este domingo se introduce con una petición de los apóstoles: auméntanos la fe. Cuando los apóstoles han comenzado a ejercer su misión de anunciar el reino han experimentado su impotencia, de ahí esa súplica: auméntanos la fe. Y Jesús les responde: si tuvierais fe como un grano de mostaza… La fe es un don de Dios que lleva al creyente más allá de sus límites y le hace audaz para soñar nuevas metas, para ser entusiasta en la acción y resistente en las dificultades. Y basta, según Jesús, con una fe minúscula, como un grano de mostaza. La fe es semilla insignificante que se va desarrollando lentamente y de la que surgirán grandes frutos de misericordia, esperanza, bondad, gratuidad. Jesús les asegura que con la fuerza de la fe es posible todo, pero también les dice que después de actuar, de haber hecho todo lo mandado, de haber servido al evangelio, entonces debemos decir: Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

♦ Oración con el texto
►Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra y su comentario, poniéndome como los discípulos ante Jesús con esa misma súplica: Señor aumenta mi fe. Intento descubrir y poner palabra a mis vacilaciones, a mis dudas, a mi impotencia…
– Me puedo preguntar por mi confianza, ¿dónde pongo mi seguridad en mi actuación, en mi oración, en mi vida? Es decir, ¿en mi misión?
– Me puedo preguntar por mi acogida y mi apertura al regalo que Dios me hace. ¿Mi corazón está abierto a la gratuidad, o peso y mido todo como si de eso dependiese el fruto?
– ¿En quién y en qué pongo yo mi confianza?
– Pido la fuerza para situarme con una nueva actitud y trabajar como si todo dependiera de mí, y confiar, al mismo tiempo, sabiendo que todo depende de Dios.
►Contemplo, en oración, la fe de Jesús:
Fijos los ojos en ti Jesús contemplo tus palabras desde tu infancia: ¿no sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?
Al comenzar la vida pública, acoges la misión que te ha sido encomendada y proclamas: El Espíritu del Señor está sobre mí… y me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres.
En tu oración al Padre, con palabras y obras expresaste la fe que movía tu vida: Pensad que vuestro Padre sabe lo que necesitáis; vosotros orad así: Padre nuestro…
Por fin, en el momento de tu muerte, entregas tu vida por la salvación de todos: En tus manos, Señor, entrego mi espíritu.
En el Año de la Misericordia
Para ser capaces de misericordia, entonces, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. MV 13)

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