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♦Texto para la oración

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: ‘Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador’. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: ‘Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’.
Jesús le contestó: ‘Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’. (Lucas 19, 1-10)

♦ Comentario al texto

Al evangelista Lucas le conocemos como “el cantor de la misericordia divina” como dijo Dante. La escena de la liturgia de este domingo acontece en Jericó, camino de Jerusalén. El grupo de los que seguían a Jesús cada vez se hace más grande y Zaqueo, bajo de estatura, no alcanzaba a ver a Jesús. Es Jesús el que toma la iniciativa: Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: ‘Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. Inmediatamente comienzan los recelos ante el gesto de Jesús porque ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Para Zaqueo, en cambio, ese encuentro marcará un cambio de rumbo en su vida: la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres. Algo ha contemplado Zaqueo en el profeta de Nazaret que le ha removido por dentro y expresa claramente ante Jesús su deseo de conversión que se traduce en gestos concretos: si de alguno me he aprovechado le restituiré cuatro veces más. Siguiendo el comportamiento de Zaqueo y acogiendo la salvación de Jesús como él hizo, yo hoy me siento llamado a actuar de manera honrada, a compensar cualquier injusticia cometida, a restituir con largueza, si en algo he pecado contra el hermano.

♦ Oración con el texto

> Comienzo la oración, una vez que he leído la Palabra, disponiendo mi corazón para volver a contemplar la escena, como si yo estuviese presente a ella: Yo soy Zaqueo, a quien Jesús visita en su casa.
> Pongo la mirada y el corazón en ese diálogo entre Jesús y Zaqueo: baja enseguida porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
-Jesús libera en primer lugar de toda soledad interior y busca un encuentro personal.
-Jesús pide después un cambio de vida, una conversión.
-Jesús ofrece la salvación, la liberación de la persona total.
> Contemplo la actitud y los gestos de Zaqueo… voy quedando en silencio, y dejo que la escena se grabe en mi corazón.
> Pido al Señor que hoy se aloje en mi casa, que transforme mi vida, que me ilumine y me haga ver el camino de mi propia conversión.
>Agradezco todas las veces que me he sentido visitado, perdonado, salvado, liberado.
> Termino la oración volviendo a leer el texto evangélico. Dejo después un espacio de silencio contemplativo. Dejo que la escena evangélica me envuelva, que me toque la cercanía de Jesús… y le digo: Señor Jesús, amigo de publicanos y pecadores. Tú eres la manifestación, el rostro visible del Padre misericordioso. Concédeme, Señor, el deseo de encontrarte que mostró Zaqueo. Concédeme el regalo de la conversión.

En el año de la Misericordia
Para ser capaces de misericordia debemos, en primer lugar, colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios. Esto significa recuperar el valor del silencio para meditar la Palabra que se nos dirige. De este modo es posible contemplar la misericordia de Dios y asumirla como propio estilo de vida. (Papa Francisco. El rostro de la misericordia, 13)

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