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Seminario Diocesano de Monte Corbán |
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C/ Corbán, 13 39012 San Román de la Llanilla
Tfno: 942 332600
www.seminariodecorban.com
 Situado en San Román de la Llanilla, en la finca Corbán, se
encuentra el Seminario Diocesano de Monte Corbán |
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Historia |
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Motivos para una fundación |
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Antes de exponer sintéticamente la historia
de nuestro Seminario diocesano de Santander, sería interesante
reseñar la trayectoria intelectual de tantos jóvenes de nuestra
región que sentían vocación al orden sacerdotal, y que a falta
de un Seminario local recibían los conocimientos necesarios en
lugares dispersos, integrados en comunidades religiosas o
Colegios. Según don Mateo Escagedo Salmón, aquellos que tenían
certificado de hidalguía conseguían ingresar en los Colegios
Mayores de Alcalá, Salamanca o Valladolid, pero los demás
permanecían en la diócesis estudiando en diversos lugares, como
con los franciscanos de Santander, Castro o Laredo, también con
los dominicos de Ajo o de Las Caldas; en Montchano, en Soto Iruz,
en la Colegiata de Santillana, en el Colegio de Villacarriedo, o
en la cátedra de Teología que era impartida en la Catedral.
Con todo, los conocimientos del clero
montañés no eran del todo satisfactorios sin embargo, según
todos los analistas, nunca obstó para un buen desempeño de su
ministerio pastoral, por lo que las conferencias morales
impartidas por todos los arciprestazgos estaban a la orden del
día durante los siglos XVII y XVIII, incluso con un seguimiento
riguroso y bajo pena de varios reales por falta de asistencia.
En el s. XIX, al hilo de la sensibilidad creciente por fundar
Seminarios diocesanos manifestada en todo el país como reacción
a la difícil situación política e ideológica y a los continuos
atentados contra la Iglesia española, además de las evidentes
ventajas para la formación y control de las vocaciones, no son
de extrañar las periódicas y enérgicas iniciativas que
presentaron los sucesivos Obispos que fueron dirigiendo nuestra
diócesis. No obstante, ya el primero de nuestros Obispos
diocesanos, don Francisco Javier de Arriaza (1754-1761), se
lamentaba de la falta de un Seminario dentro de la diócesis. El
segundo Obispo de Santander, don Francisco Laso Santos de San
Pedro (1762-1783), quiso establecerlo dentro de la ciudad, en la
antigua Residencia de los Jesuitas, hoy actual Parroquia de la
Anunciación, pero murió sin conocer la realización de su
proyecto. Su sucesor, don Rafael Menéndez de Luarca (1784-1819),
intentó fundar el Seminario en su palacio de descanso en Maliaño,
hoy actual convento de Carmelitas descalzas. Posteriormente, y
como ejemplo de lo arraigado de este propósito episcopal,
tenemos al prelado don Juan Gómez Durán (1 820-29), que no
ahorró medios para llevar a cabo su deseo de un Seminario para
Santander, llegando incluso a una petición al mismo Fernando VII.
El último de los primeros cinco Obispos de nuestra diócesis que,
pese a los muchos intentos, no conoció el Seminario diocesano,
es Fray Felipe González Abarca (1829-1842), que sufrió en su
regencia el período más duro de la arremetida del gobierno
contra la Iglesia, y que por ello, le resultó imposible acometer
las gestiones necesarias para la fundación de una entidad de tal
calibre.
En 1849, cuando ya habían desaparecido las no lejanas
hostilidades, don Manuel Arias Teijeiro (1848-1860), pone su
atención en dos conventos desamortizados y, por tanto, propiedad
del gobierno estatal: eran los del Soto Iruz y Monte Corbán
-fueron elegidos estos lugares a falta de buenos edificios
dentro de la ciudad-, que serían destinados provisionalmente
como Seminarios Menor y Mayor, hasta la venida de los
religiosos, sus legítimos dueños. Al año siguiente, y después de
la consiguiente concesión estatal, el prelado se hace cargo de
aquel viejo monasterio de Santa Catalina (fundado en 1407 por
monjes Jerónimos, y del que, muestra de su gran solera, salieron
tres generales de la Orden: como Fr. Pedro de Liaño (s. XVI),
Fr. Buenaventura de San Agustín (s. XVIII) y Fr. Antonio de San
Miguel (s. XVIII)). Cuatro siglos después de su fundación fue
desalojado por el gobierno en 1835, y comienzan las reparaciones
más urgentes, pues el estado de ruina en que quedó, después de
haberse convertido en cuartel de las tropas inglesas durante la
guerra carlista, era lamentable. Mientras tanto, durante los
cursos 1850-52, un grupo de doce seminaristas de la diócesis, a
expensas del Obispo, estudia en el Seminario de Burgos, dejando,
según las crónicas, muy grata impresión en aquella ciudad
metropolitana por muchos años. Algo que no es de extrañar, pues
algunos de ellos, posteriormente, dejaron también un buen
recuerdo en sus respectivas diócesis, pero ya como obispos: como
don José Tomás de Mazarrasa y Riva, Obispo-Administrador de
Ciudad Rodrigo años después le sucedería en la misma sede otro
antiguo alumno de Corbán, don Manuel López Arana-, y don Luis
Felipe Ortiz y Gutiérrez, Obispo de Zamora. |
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INAUGURACIÓN DEL SEMINARIO (1852) |
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Noventa y ocho años después de la creación de
nuestra diócesis en 1754, el 15 de octubre de 1852, festividad
de Santa Teresa, se inauguró oficialmente el Seminario Diocesano
Conciliar de Santa Catalina de Monte Corbán. Y es por ello, por
lo que esta santa ostenta actualmente el copatronazgo junto a
Santa Catalina.
Los alumnos matriculados fueron 51, algunos incluso ya
ordenados, pues por mandato del Obispo debían asistir a las
clases de Teología Moral. A partir de aquel momento, no se
concedieron órdenes a los que no hubieran estado internos por lo
menos un curso, aunque hubieran terminado ya sus estudios en
otro lugar.
Como primer Rector del Seminario el Obispo, don Manuel Arias,
eligió a don José María García González, antiguo beneficiado de
Lloreda de Cayón, Arcipreste de Muslera y Visitador General del
Obispado, y que dos años después tuvo que abandonar el cargo por
motivos de salud, muriendo al poco tiempo. En septiembre de 1854
le sucedió don Saturnino Fernández de Castro, sacerdote
comillano de tan sólo veintisiete años, pero que demostró
grandes cualidades al frente del rectorado, y que con
posterioridad sería nombrado Obispo de León (1875) y luego
Arzobispo de Burgos (1883).
Más ejemplos de los desvelos del Obispo, don Manuel Arias, por
el nuevo Seminario fueron el legado de su biblioteca particular,
unos 1700 libros, provenientes en su mayor parte de la casa de
los Jesuitas expulsados, y que el gobierno le había entregado.
Además, de los muchos viajes que realizó a pie o en carruaje
hacia Corbán, pensó en la posibilidad de una mejora en las
tortuosas comunicaciones con Santander. De ahí surge el proyecto
de la carretera Pronillo-Corbán (3.218 m.), concluida en 1865, a
expensas de la Diputación de Santander y por encargo personal de
Isabel II.
Un deseo real motivado por su visita al Seminario y a la Virgen
del Mar, que había promovido particularmente el Rector don
Saturnino Fernández de Castro. Día para el recuerdo será siempre
el 5 de agosto de 1861, cuando todos los profesores y alumnos
recibieron emotivamente a la familia real, que por entonces
veraneaba en Santander. La jornada consistió fundamentalmente en
una velada literaria, compuesta por varias composiciones
poéticas, dirigidas por algunos catedráticos y alumnos
aventajados, y una sentida dedicatoria del Rector con el título
"Movimiento de la Montaña en presencia de la Real Familia". En
aquel día brillaron por vez primera tres seminaristas que
destacarían posteriormente por su papel en la Iglesia española,
como don José María de Cos y Macho (1838-1919), futuro Cardenal
Arzobispo de Valladolid; don Luis Felipe Ortiz (1835-1914),
Obispo de Coria, y posteriormente de Zamora; y don Gaspar
Fernández de Zunzunegui (1836-1902), reconocido orador sagrado a
escala nacional.
La "verdadera pobreza" con la que se inauguró en su día el
Seminario fue subsanada con el tiempo con la nueva llegada al
obispado del prelado don Vicente Calvo y Valero (1876), que
inmediatamente después de su toma de posesión puso manos a la
obra en la empresa de dignificar el Seminario de Santander. Como
nos dice don Jerónimo de la Hoz: "en la empresa invirtió grandes
caudales de trabajo, de cariño y de dinero, y el Seminario quedó
notablemente transformado. Tribunas de ácana, puertas de caoba,
bancos y pupitres de cedro, mesas de mármol en el refectorio,
amplios e higiénicos dormitorios, claustro de excelentes
profesores, premios para los alumnos más aventajados y un
hermoso Gabinete de Ciencias Físicas y Naturales
que entonces «aventajaba a todos los centros docentes de
España» y por muchos años ha seguido siendo el mejor de la
provincia" (1) . Cabe destacar, con respecto a
este Obispo, la creación en Roma, en 1883, de un gran Colegio
Eclesiástico para los más aventajados seminaristas de Santander,
que sirvió de ejemplo a otras diócesis españolas. Y que andando
el tiempo (1893) se convertiría, en palabras de León XIII, en
"el grandioso proyecto de Colegio Pontificio Español en Roma".
No podemos olvidar que en 1888, durante el pontificado de
Sánchez de Castro, el Seminario comenzó a regirse por unos
Estatutos, que estuvieron en vigencia hasta el fatídico 1936.
Los acontecimientos de los años posteriores no fueron más que
una progresiva mejora del edificio y de la formación intelectual
de los seminaristas, con el continuo enriquecimiento del equipo
docente. La Guerra civil española de 1936 supondrá la primera
paralización en la historia de nuestro Seminario de Monte Corbán. |
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GUERRA CIVIL Y RECONSTRUCCIÓN DEL SEMINARIO. LA IMPRONTA DE DON
JOSÉ EGUINO Y TRECU
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Sin hacer menoscabo de la gran labor
realizada en el Seminario, desde su inauguración hace 150 años,
por tantos obispos como han pasado por la diócesis, no podemos
dejar de señalar la gran influencia ejercida por don José Eguino
y Trecu (1929-1961), que no en vano estuvo dirigiendo nuestra
Iglesia particular de Santander durante 32 años, sobre todo, en
los momentos más complejos de su historia. La labor realizada
por este prelado en el Seminario fue determinante y, por tanto,
es necesario reseñarla como una de las piedras fundamentales
dentro de esta síntesis histórica. Probablemente, algo que ha
podido favorecer lo anterior haya sido su casual ordenación en
la capilla de este Seminario el 31 de marzo de 1906, a pesar de
pertenecer a la diócesis de Vitoria y haber estudiado su carrera
eclesiástica en Salamanca y Comillas.
A lo largo de todos los escritos de nuestro "obispo bueno"
podemos comprobar que su interés por el Seminario se anteponía
efectivamente a todos los demás de la diócesis. Un sentimiento
arraigado que se demostró, mayormente, después de la Guerra
Civil, cuando el Seminario estaba completamente devastado, sobre
todo, a raíz de haber sido convertido en campo de concentración
durante el período bélico, y que, en palabras del propio Obispo,
no era "más que una ruina que clama al cielo".
El 19 de abril de 1942 el Boletín Oficial Eclesiástico de
Santander recoge un estremecedor discurso de aquel Obispo, que
al grito de "SANTANDER NO TIENE SEMINARIO", decía: "Es este un
hecho que os debe causar profunda inquietud. Triste es, en
verdad, no tener Catedral, ni parroquias, ni casa de Acción
Católica, ni Palacio episcopal, ni otras cosas necesarias para
el debido incremento de nuestra vida cristiana; pero es
muchísimo más triste y de consecuencias incomparablemente más
deplorables, no tener Seminario. Para un pueblo católico que
conoce y ama su Religión, esta es la más
grande de las desventuras. Sin Seminario, no hay sacerdotes. Sin
sacerdotes, no hay Iglesia..." (2).
En aquel momento, la falta de Seminario fue subsanada con la
ayuda de la Universidad Pontificia de Comillas y el
Colegio-Quirós de Cóbreces, que permitieron con su generosidad
la no interrupción de la carrera de tantos seminaristas (lugares
y personas que luego ejercerán una fuerte influencia en el nuevo
Seminario de Corbán. Así surge, por ejemplo, el tan comentado "comillismo",
cuyas ideas, costumbres y maneras perdurarán en la vida interna
del futuro centro, aunque la rivalidad entre los seminaristas de
uno y otro lugar fuera evidente). Sin embargo, las diferentes
circunstancias de las dos instituciones hacían insostenible la
situación, por lo que la necesidad de un Seminario diocesano se
hacía cada vez más urgente. Ante ese problema, la tarde del 23
de Diciembre de 2003, don José Eguino convocó a las "fuerzas
vivas" de Santander en el Ateneo, exponiendo con claridad la
situación crítica del momento y presentando el proyecto de
reconstrucción, que ascendía a cuatro millones de pesetas. Un
proyecto atrevido, y que el mismo prelado era consciente de ello
aludiendo a su posible "inoportunidad", ya que Santander además
de haber sufrido duramente la Guerra Civil tuvo que padecer poco
tiempo después las penosas consecuencias del devastador incendio
de 1941.
Para dar buen fin a la empresa el Obispo
nombró tres comisiones: una de honor (3), otra
ejecutiva (4), y la de propaganda (5).
Sus cometidos eran fundamentalmente dos, que, al mismo tiempo,
representarán el principal caballo de batalla de don José Eguino
y Trecu a lo largo de todo su episcopado: 1º.- Recluta y sostenimiento de los seminaristas. Encuadrado en
la "Obra del Fomento de Vocaciones Eclesiásticas". 2º.- Reconstrucción de Corbán. Todo un proyecto que don José Eguino consideraba "obra de
todos", excluyendo tajantemente cualquier tipo de interés
particular: "el Seminario Diocesano no es Obra de un interés
particular, ni de una persona, ni aun de vuestro Obispo. Es y
habrá de ser Obra de todos: de la diócesis entera, de los
Ayuntamientos, de las Empresas, de las Colectividades y de los
individuos, de cuantos, por deciros católicos y
ser hijos de la Iglesia y de esta gloriosa Provincia,
estamos obligados a mirar como propios sus problemas, y a sentir
como propias sus necesidades y a promover corno propios sus
intereses" (6). |
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Campaña pro-Seminario; crisis de vocaciones |
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La campaña pro-Seminario, tan característica
y presentada con tanto apremio durante todo el episcopado de
Eguino y Trecu, tiene sus orígenes en una Pastoral publicada en
1931, con el título "Acerca del Seminario y los Seminaristas".
Desde entonces las estadísticas alarmantes acerca del continuo
descenso de sacerdotes y seminaristas fueron la nota de tono de
muchos de sus escritos. En 1942 ofrecía una relación de datos que verificaba ciertamente
la crisis vocacional del momento, y que entonces ya se tildaba
de catastrófica. Oponía los 2.254 sacerdotes de la diócesis de
Santander en el siglo XVIII, entonces más amplia aunque menos
poblada, a los 445 del momento. Le seguía el número de
seminaristas, que si en 1930 ascendía a 189, en 1934 bajaba a
112, observándose por tanto una caída de un 40 por 100 en cuatro
años. Otro dato era la relación entre sacerdotes fallecidos y
ordenados, mientras que los primeros cada año oscilaban entre 15
y 20, los segundos hacían lo mismo entre 1 y 10.
En aquel período la preocupación fundamental se centraba en la
falta de un sacerdote por cada parroquia, y anunciaban que el
porvenir era francamente desolador, ya que 275 parroquias tenían
sacerdote propio, mientras que 109 carecían de él.
El único motivo de esperanza, la única "realidad consoladora",
lo constituía el Seminario ya reconstruido, que diez años
después empezaría a dar sus frutos y a cambiar las
desalentadoras estadísticas. El 22 de Junio de 1952 fueron
ordenados en la parroquia de Santa Lucía la mayoría de los
seminaristas de la primera promoción del
renacido Corbán, aquellos que habían comenzado en la Universidad
Pontificia de Comillas. Aquel año fueron un total de 22 los
nuevos sacerdotes (7), que en la estadística
contrastaban gratamente con los 10 fallecidos. |
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Reconstrucción del seminario-sostenimiento de los seminaristas |
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El día de la festividad de Santa Catalina de
1943 se inauguró oficialmente el nuevo curso con todas las
reparaciones necesarias para dar marcha al Seminario Menor. Acto
familiar y a la vez público, la mañana de la inauguración
solemne del nuevo Corbán tuvo la programación tradicional de la
festividad de nuestra patrona -misa solemne cantada por la
Schola, acto académico y comida de fraternidad-, aunque lo
señalado de la ocasión se manifestaba por la casi total
presencia del clero diocesano, Capitular y parroquias; Padres
Provincial y Rector del Seminario y Universidad Pontificia de
Comillas; religiosos de diversas comunidades de Santander; todas
las autoridades provinciales y locales; medios de comunicación y
personalidades varias, que acompañaron al Obispo de la diócesis
y al Rector, don Epifanio Roiz.
Por la tarde, todas las autoridades y demás asistentes, guiados
por el propio prelado, "como conocedor íntimo de todo y tan
encariñado con su obra", hicieron un recorrido por todo el
Seminario reconstruido: "la portalada montañesa de acceso al
atrio de la capilla; el nuevo coro, ventanales, y nervaduras que
se han hecho visibles, en ésta; la capilla de Latinos; el
claustro monacal remozado y embellecido con vidrieras; los dos
nuevos pabellones por la parte del oeste, uno par a uso de
seminaristas y profesores, con severo comedor en el bajo,
salones de estudio, clases y habitaciones con agua corriente en
los altos, y el otro, aislado, para cocinas, lavaderos y demás;
enfermería, habitaciones y Oratorio de la benemérita Comunidad
de Hijas de San José, encargada de los servicios; la nueva
distribución, con una planta más de altura por la parte ya de
antes destinada a Latinos; la profusión de servicios sanitarios
por todas partes, y por fin, la esbelta escalinata central
decorada de nuevo y techada con artística vidriera
con las armas del Prelado y el emblema del martirio de la
Patrona Santa Catalina, que se repite en diversos motivos
ornamentales, aquí y allá"(8).
Sin embargo, muchas otras reformas quedaban por hacer todavía
para acondicionar totalmente el edificio a su labor original.
Aún así, los 117 seminaristas diocesanos ya tenían su lugar
propio, además de los correspondientes "idearios del centro" y
plan de estudios, donde forjar las virtudes y hábitos de esos
sacerdotes "santos, sabios y finos" que quería el Obispo.
"Quiera Dios que todos estos anhelos, tengan realización
cumplida. Quisiera ser testigo de todo ello; quisiera vivir,
hasta ver el Seminario completamente terminado, sin deudas ni
estrecheces, convertido en un nuevo Cenáculo,
de donde salgan sacerdotes sabios y santos, para que sean luz
del mundo y sal de la tierra. Entonces moriría contento, con el
cántico "Nune dimitis" del viejo Simeón en los labios"(9).
Otra de las partes dentro de la reconstrucción y mejora del
Seminario fue la antigua iglesia, que en 1963, ya muerto Don
José Eguino, inauguró el Obispo auxiliar Don Doroteo Fenández.
En cuanto al sostenimiento económico del Seminario -becas,
manutención, etc.- el "obispo bueno" no cesó nunca de intentar
poner remedio a la apurada situación, pidiendo a todos,
sacerdotes y seglares, su cooperación generosa, tanto en
metálico como en especie.
"El año pasado nos encontrábamos en análogas circunstancias y
bastó una carta que os escribí rogándoos expusierais al pueblo
nuestra apurada situación, para que todos vuestros buenos
feligreses corrieran con talegas cargadas de
patatas y celemines rebosantes de maíz y alubias, a llenar el
zurrón y alforjas del pedigüeño de Corbán. Espero que este año
ha de ocurrir lo mismo"(10).
De esta manera, consciente de sus continuas llamadas y de lo
gravoso que para él suponía, en una carta dirigida a los
párrocos, fechada en 1948, el mismo Obispo se autoproclamó el
"importuno de Corbán", haciendo claras referencias al hombre del
Evangelio que llamaba de madrugada a la puerta de su amigo para
que le diese el pan que aliviara el hambre del huésped, que
inesperadamente se había presentado en su casa.
"Fuertes aldabadas se oirán pronto en las casas de la Montaña.
¿Quién es el que está llamando a la puerta? Os preguntarán.
Respondedles que es el importuno de Corbán. El importuno de
Corbán que confiado acude a sus amigos, pidiéndoles el óbolo
seminarístico de un puñado de alubias. Mientras vosotros
recogéis lo que generosamente os han de dar, yo estaré pidiendo
a Dios, se realice en ellos aquella sentencia
del Espíritu Santo: «Honra al Señor con tu hacienda y tus trojes
se hendirán de hartura y tus lagares rebosarán de vino» (11). |
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Colegio-Seminario Menor de San Luis |
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Después de los esfuerzos habidos para la
reconstrucción del Seminario de Corbán, la alegría de volver a
tener un Seminario totalmente acondicionado y espacioso se vio
velada por la nueva anexión a la diócesis de Santander de más de
doscientas parroquias, pertenecientes a las diócesis de Oviedo,
León, Palencia y Burgos, producida por las adaptaciones entre
provincias y diócesis conforme al Concordato del Gobierno
español con la Santa Sede. El gran número de vocaciones
existente en estas regiones hacían que el renacido Seminario se
quedara pequeño, por lo que había que retomar otra vez al
principio.
Eguino y Trecu planteó una doble posibilidad, por una parte,
agrandar el Seminario de Corbán, o bien, construir uno nuevo con
carácter de Seminario Menor. Estando en esta encrucijada, el
matrimonio formado por don Luis Catalán Fernández y doña María
Cabello Sierra vinieron a aliviar la estrechez del momento,
poniendo a disposición de la diócesis una extensa finca en
Argomilla, en el Valle de Cayón, con el fin de ser utilizada
para el bien del Seminario.
En 1959, a petición de los donantes, se señaló el día 26 de
Julio, fiesta patronal de Santa Ana, para la colocación de la
primera piedra del Seminario. Unos trabajos que, pese a lo
avanzado de su construcción, no vería culminados don José Eguino
y Trecu debido a su muerte.
En 1975, por razones pedagógicas y económicas, los alumnos de
este nuevo Colegio-Seminario volvían a su sede de Corbán. |
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CAMBIO DE SEDES |
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En 1964, el nuevo obispo don Vicente Puchol
Montis (1964-1967) dividió el Seminario en dos sedes, según sus
secciones de formación. De esta forma, la de filosofía en "las
caballerizas" del Palacio de la Magdalena, y Teología permanecía
en Monte Corbán. Sin embargo, la prematura muerte accidental de
este Obispo no dejó cristalizar los grandes proyectos que
albergaba para el Seminario diocesano.
El Seminario de Corbán permaneció abierto hasta el curso
1967-68. Siendo Obispo don José María Cirarda, y una vez
nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Bilbao, se
incorporó a la diócesis don Rafael Torija de la Fuente como
Obispo auxiliar. El curso 1968-69 los seminaristas que cursaban
Teología fueron trasladados a Madrid, siendo matriculados en la
Universidad Pontificia Comillas. Mientras la sección de
Filosofía siguió en la residencia de la Magdalena de Santander.
Terminada la etapa de Madrid, el pequeño grupo de seminaristas
residió en Oviedo, haciendo los estudios en este Seminario en el
curso 1972-73, hasta que se reabre el Seminario de Corbán a
iniciativa del Obispo don Juan Antonio del Val el 15 de Octubre
de 1977.
Cabe señalar que en el curso 1970-71 el Seminario de Corbán se
habilita como Colegio-Seminario hasta el curso anterior a su
reapertura (1977). |
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NUEVA APERTURA |
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En 1977 "la vetusta casa solariega de Corbán"
volvía a abrir sus puertas después de un largo paréntesis en que
el centro permaneció cerrado por la gran crisis de vocaciones
existente y la dispersión de los seminaristas en otras diócesis.
A partir de aquel momento, el Obispo de la diócesis, don Juan
Antonio del Val, nombró como Rector de la casa a don Carlos
Osoro Sierra, que ostentaría el cargo hasta 1996 en que fue
nombrado nuevo Obispo de la diócesis de Orense. En 1979 llegó la
comunidad de religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, que
desde entonces colaboran en el
Seminario haciendo presente el
carisma en la formación de los futuros sacerdotes. En el mes de
marzo del año 1997, el Obispo de la diócesis, don José Vilaplana
Blasco, responsabilizó de la tarea del Seminario al nuevo Rector
don José María Ruíz González. En esa misma fecha, la
Congregación de la Doctrina Católica de Seminarios y Centros de
estudios vino a aceptar, a petición de la Universidad Pontificia
de Salamanca, y después de realizados todos los trámites
requeridos al Seminario, la filiación académica con dicha
Universidad. |
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Notas |
(1) DE LA HOZ TEJA, J., Centenario de Monte
Corbán. Discurso leído en el acto de apertura del curso
académico de 1952 (Santander 1952), 42-43. Arriba (2) BES 1942, pág 57-58
Arriba (3) Constituida por el Excmo. Gobernador Civil;
Sr. Presidente del Excmo. Ayuntamiento de Santander y Sr.
Presidente de la Excma. Diputación Provincial. Arriba (4) Cuyos nombres eran: M. 1. Sr. D. Agustín
Tobalina, Vicario General; D. Epifanio Roiz, Rector del
Seminario; D. José María Jado Canales, Presidente de Acción
Católica; D. Luis Catalán Fernández; D. Ernilio Botín y S. de
Sautuola; D. Miguel Quijano de la Colina; D. Manuel Gutiérrez
Cortines; D. Eduardo Ruiz Huidobro; D. Fernando Pereda Aparicio;
D. Jaime Ribalaygua Carasa; D. Eduardo Pérez del Molino Herrera;
D. Tomás Maza Solano y D. Marcial Solana y González Camino.
Arriba (5) Con D. Angel Herrera Oria, D. Antonio
Fernández Helguera, D. Antonio Martín Lanuza, D. Wenceslao de
las Cuevas y D. Jesús Hormaechea. Arriba (6) BES 1942, pág 63
Arriba (7) 'A los cincuenta años de su ordenación
presbiteral recordamos a: Manuel Revuelta -ordenado en Roma
aquel mismo año-, Esteban Castrillo, Guillermo S. Altuna,
Agapito Amieva, Ángel Bajo, Ricardo Bárcena, Santiago Bolado,
Ramón Echevarría, Luis Garrido, Jesús G. Abad, Ignacio Gómez,
Manuel Hoyo, Francisco Navarro, José Oceja, Adolfo Torralbo,
Teodoro Mújica, Alfredo Rueda, Jesús Rodríguez, Dionisio Fresno,
Felipe Estébanez, Francisco Odriozola y Cándido Rodríguez.
Arriba (8) BES 1942, pág. 288-289.
Arriba (9) BES 1946, pág. 195.
Arriba (10) BES 1946, pág. 264.
Arriba (11) BES 1946, pág. 264.
Arriba |
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Organización del Seminario |
Moderador supremo
Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Vicente Jiménez Zamora
Rector -
Formador -
Director espiritual
-
Confesores del Seminario D. Santiago Gaminde Zallo D. Juan José Valero Alvarez
Director del Instituto
Teológico D. Isidro Pérez López
Jefe de Estudios y Secretario
-
Encargada de Secretaría
-
Profesores D. Jesús Bilbao Azpeitia, Fraternidad Franciscana. D. Juan José Caldevilla Portilla.
D. Juan Cuevas Gutiérrez. D, Jesús Fernández Fernández. D. Antonio Fernández Ruiz.
Dª Lourdes González Aristigueta. D. Eduardo Guardiola Alfageme. D. Julio Rafael Hardisson Rumeu. D. Manuel Herrero Fernández D. Lorenzo Lisaso Castanedo.
D. Ángel López Bolado D. Marcial Martínez Sanz. D. Esteban Peña Eguren.
D. Valeriano Pérez Crespo. D. Isidro Pérez López. D. José Vicente Pérez Ortiz. D. Avelino Seco Muñoz. |
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©2007 Diócesis de Santander
Pza. Eguino y Trecu, 1 - 39002 Santander Tfno: 942 365657
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