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Queridos hermanos:

Obtenido el Nihil Obstat de la Congregación para las Causas de los santos en Roma, abrimos solemnemente hoy la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización de un grupo de mártires del siglo XX en nuestra diócesis de Santander. Lo forman los Siervos de Dios Francisco González de Córdova, que fue párroco de Santoña, y sus 79 compañeros sacerdotes, religiosos, seminaristas y seglares.

Ahora se trata de reunir todos los datos escritos y epopeyas martiriales de los protagonistas, además de los testimonios de quienes conocieron los hechos y de quienes con posterioridad pueden aportar datos verídicos. Se trata de probar que fueron martirizados por su condición de cristianos fervorosos y que murieron perdonando a sus enemigos. A todos ellos se les ofreció la libertad a cambio de apostatar de su fe y ellos resistieron los halagos de quienes podían evitarles la muerte para mantenerse fieles a Cristo y a su Iglesia.

Todos ellos son honra y prez de nuestra Iglesia que peregrina en Cantabria y el valle de Mena, hitos gloriosos de nuestra Iglesia diocesana. Ellos, junto con los demás santos y beatos de nuestra tierra, son modelos de lo que debe ser una vida cristiana santa, generosa, consecuente y fiel. Y constituyen nuestro patrimonio más precioso que el económico o artístico, el auténtico patrimonio de santidad. Todos ellos son testigos del amor más grande pues fueron cristianos de profunda vida interior, devotos de la Eucaristía y de la Santísima Virgen. En las penosas circunstancias en que acabaron con su vida terrena, confesaron la fe y sufrieron con la fortaleza del Espíritu Santo muchas vejaciones y torturas, muriendo con una serenidad y alegría admirables, alabando a Dios y proclamando a Jesucristo como único Rey y Señor.

El testimonio de estos mártires, que “no amaron tanto su vida que temieran la muerte”, ilumina e inspira nuestro momento histórico. Frente al ‘todo vale’ y frente al ‘nada importa’, nuestros mártires nos recuerdan que hay ideales que son demasiado grandes como para regatearles el precio a pagar por ellos. Porque sabían muy bien que la gracia de Dios vale más que la vida terrena. El martirio nos indica dónde se encuentra la verdad del hombre, su grandeza y su dignidad, su libertad más genuina y el comportamiento más verdadero y propio del hombre que es inseparable del amor: por ello, el martirio es una exaltación de la perfecta «humanidad» y de la verdadera vida de la persona.

La etapa que hoy abrimos de su proceso de beatificación y canonización es algo exclusivamente religioso y eclesial. Sólo pretendemos honrar a nuestros mártires sin mezclar consideraciones políticas de ningún tipo y debe ser un tiempo de gracia y un estímulo para ser cada día más fieles al Señor. Dios quiera que pronto podamos tenerlos inscritos en el catálogo de los santos y, a través de su testimonio admirable, fecunden a la Iglesia con vitalidad siempre nueva, nos estimulen en el camino de la vida y nos ayuden con su intercesión. El testimonio de estos candidatos a la beatificación y canonización, a medida que vayamos conociendo más y más sus biografías, fortalecerán nuestra condición de discípulos misioneros tal como nos pide la Iglesia hoy. En los tiempos que vivimos de Nueva Evangelización es preciso dar a conocer sus vidas y su experiencia de Dios en publicaciones sencillas en la página web y por otros medios a nuestra disposición para mostrar estos tesoros en nuestra acción pastoral.

Que Nuestra Señora Bien Aparecida y los santos mártires Emeterio y Celedonio nos ayuden a culminar felizmente la etapa diocesana que hoy abrimos con gozo y esperanza.

+Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander.

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