DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO (Día 23 de julio)

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Continúa Jesús enseñándoles con parábolas. La de este domingo es un aviso para aquellas personas que quieren erigirse como jueces de los demás, porque siempre saben y conocen dónde está el bien y dónde el mal. Jesús les hace ver que es algo más complicado y que no es a ellos a quienes compete este juicio.

►Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: ‘El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: ‘Señor ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?’ Él les dijo: ‘Un enemigo lo ha hecho’. Los criados le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancarla?’ Pero él les respondió: ‘No sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis juntamente con ella el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero’ (Mateo 13, 24-43)

►Pensar la Palabra

La palabra de Jesús sobre el trigo y la cizaña es un lema que resulta válido para todos los tiempos. Con esta parábola Jesús nos quiere comunicar una actitud. ¿Por qué el dueño del campo no permite eliminar la cizaña? La razón es modelo de sensatez y prudencia: No sea que al arrancar la cizaña arranquéis juntamente con ella el trigo. La experiencia nos dice que el bien no crece solo. Tiene que abrirse paso entre resistencias y retrocesos. Es necesario poner mucha confianza en el dueño del campo, y creer que solamente él podrá hacer al final la separación justa.

En la parábola de este domingo son juzgadas nuestras prisas, porque ponen constantemente en peligro la llegada del reino: dejad crecer juntos trigo y cizaña hasta la siega… Cargados de paciencia para no emitir juicios prematuros, para no perder del todo el miedo a equivocarnos, cargados de paciencia frente a una realidad que se resiste a cambiar… Dejadlos crecer juntos hasta la siega. Vivir la fe significa creer que el bien es más fuerte que el mal, que la verdad no teme al error, que Dios vela por su pueblo y que lo que une a los humanos es más que lo que puede separarlos.

►Orar y contemplar la Palabra

Después de leer el comentario, que me ayuda a pensar más hondamente en la Palabra, vuelvo sobre el texto del evangelio y leo lentamente la parábola. Me siento uno más de aquella gente que escuchaba directamente a Jesús. Siento la Palabra dirigida a mí. ¿Qué quiere decirme hoy?

-Quizá me habla de mis prisas y de mis juicios rápidos.

-Quizá me habla de mis decisiones imprudentes para arrancar el mal, que a mí no me toca.

-Te pido, Señor Jesús, dame paciencia y la prudencia necesaria para no calificar a los otros como buenos y malos, y la esperanza para confiar en tu juicio definitivo sobre la historia.

►Actuar desde la Palabra

Me comprometo durante esta semana a orar con las palabras del salmo:

Como desciende la lluvia de los cielos
y no vuelve allá, sino que empapa la tierra,
la fecunda y la hace germinar,
para que dé simiente al sembrador y pan para comer.
Así será mi palabra, la que salga de mi boca,
que no tornará a mí de vacío,
sin que haya realizado lo que me plugo
y haya cumplido aquello a que la envié.