DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO (5 de agosto)

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Leer y acoger la Palabra

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo a la otra orilla del lago, le preguntaron: ‘Maestro, ¿cuándo has venido aquí?’ Jesús les contestó: ‘Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios’. Ellos le preguntaron: ‘¿cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?’ Respondió Jesús: ‘Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado’. Ellos le replicaron: ‘¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: ‘Les dio a comer pan del cielo’. Jesús les replicó: ‘os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo’ Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Jesús les contestó: ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.  (Jn 6, 24-35)

Meditar la Palabra

La lectura del evangelio de este domingo, continuación de la narración del domingo anterior,  nos muestra a una multitud que busca al autor del prodigio de la multiplicación de los panes; y el diálogo que establece Jesús con los que le siguen. Comienza con una pregunta: ‘Maestro ¿cuándo has venido aquí?’, que da pie al discurso sobre el Pan de Vida que recoge el evangelista. En esta primera parte, Jesús, quiere desenmascarar las motivaciones que lleva a la multitud a seguirle: la gente le busca no tanto por el mensaje que anuncia, sino porque les ha dado de comer gratis. Y señala que no han sabido valorar  el signo que pone en evidencia la gratuidad de Dios, su entrega sobreabundante. ¿De quién recibimos el verdadero pan? De Dios que les dio a comer pan del cielo. Más aún Jesús se identifica con ese pan: Yo soy el pan de vida. Ante esto no hay más que una respuesta: Señor, danos siempre de ese pan.

Orar y contemplar la Palabra

Puedo comenzar la oración pidiendo al Señor la gracia de sentir hambre de ese Pan verdadero repitiendo interiormente: Señor, dame siempre de ese pan.

Leo de nuevo el texto y voy identificando las actitudes de aquella multitud… y me pregunto: Yo ¿cómo y por qué busco a Jesús? Dejo que su palabra entre en mi interior, acojo la llamada que Jesús hace a la fe en el enviado del Padre. Jesús dice en el evangelio y en cada eucaristía: Yo soy el pan de vida. Y yo repito de nuevo: Señor, dame siempre de ese pan.

Entro en diálogo con Jesús: y yo ¿qué debo de hacer para realizar las obras de Dios? Jesús nos invita a repartir y repartir-nos como el pan, para dar vida. Eso es creer en el enviado, realizar sus obras: dar pan al que tiene hambre, vestir al que está desnudo, sanar al herido… En estos momentos que estamos viviendo, ésta será la seña de identidad de nuestro cristianismo. Recito la oración del Padrenuestro y repito incesantemente: Señor, danos siempre de ese pan, que sacia nuestra hambre y nuestra sed y que yo sepa repartir con aquellos que más lo necesitan el pan que alimenta y que da vida.

Actuar desde la Palabra

Pensar en aquellas personas a las que yo puedo liberar del hambre. Hambre material y hambre espiritual. Acoger, acompañar, liberar…