DOMINGO 2º DE  ADVIENTO (9 de diciembre)

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Escuchar y acoger la Palabra

En el año quince del reinado del  emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virey de Galilea, y su hermano Filipo virey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: ‘Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos, elévense los valles; desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”  (Lucas 3, 1-6)

 

Iluminar la Palabra

En los primeros capítulos del evangelio de Lucas aparecen los dos personajes: el Bautista y Jesús, como figuras contrapuestas en el modo de llevar adelante la misión. Juan será precursor y testigo que deja atrás lo viejo y anuncia lo nuevo que se va a hacer presente en Jesús. Juan proclama un bautismo de conversión, propio de la espiritualidad tradicional de Israel; el bautismo de Jesús será de ‘agua y espíritu’. La misión del Bautista queda enmarcada por las palabras del profeta Isaías: preparar el camino… para hacer posible que todos vean la salvación de Dios. Es decir: que toda criatura está llamada a la plenitud, que todo el cosmos camina hacia su plenitud. El Mensaje de Jesús, a lo largo y ancho del evangelio, nos hará entender que este camino hacia la plenitud, que es don de Dios, es a la vez tarea y responsabilidad del creyente. El Bautista, el hombre del desierto, anuncia la salvación cercana. Pero es necesaria la conversión y la colaboración personal. Esto implica, como dice Pablo en su carta a los Filipenses, el crecimiento en el amor para apreciar los valores del evangelio. Y esto por gracia de Cristo Jesús. Él es el que ha comenzado en nosotros la empresa buena y la llevará a cabo.

 

Orar y contemplar la Palabra

Preparad el camino del Señor. Tomo esta palabra del profeta para orar en este momento. Para que todos vean la salvación de Dios.

Me dejo interpelar por esta Palabra. Pido al Espíritu profundizar más y más en la invitación del Bautista… Preparar el camino supone:

*Allanar los senderos… eliminar aquello que es obstáculo para la fe, la esperanza y el amor.

*Elevar los valles… salir de las simas de los vacíos y sin sentido, dejar los barrancos del desaliento y la desconfianza.

*Enderezar lo torcido… salir de las ambigüedades en las que nos movemos tantas veces.

*Igualar lo escabroso…nivelar con justicia las escandalosas desigualdades de nuestro mundo.

Realmente el Bautista propone un programa de vida y nos ofrece la certeza de la salvación que ha de llegar a todos. Esto es vivir con mayor coherencia mi cristianismo y así la salvación se hará visible a todos.

 

Actuar desde la Palabra

Es el momento de hacerme, con honestidad, esta pregunta: ¿Cómo estoy yo dispuesto a preparar el camino, allanar… elevar… enderezar… igualar…? ¿Cómo estoy dispuesto a descubrir los nuevos valores del evangelio y apostar por ellos.