DOMINGO 28º DEL TIEMPO ORDINARIO (14 de octubre)

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Se clausura el año jubilar de Santa Teresa. Será bueno tener presentes las palabras con las que el Papa Francisco escribía al obispo de Ávila al comenzar el centenario y que ahora nos pueden servir de impulso para continuar el camino en el término del año jubilar.

¡Ya es tiempo de caminar! Estas palabras de Santa Teresa de Ávila a punto de morir son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros en una preciosa herencia a conservar y enriquecer… ¡Ya es tiempo de caminar andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de Santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús. Francisco (Carta al Obispo de Ávila.)

Leer y acoger la Palabra

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y, le preguntó: ‘Maestro bueno ¿qué haré para heredar la vida eterna?’ Jesús le contestó: ‘¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre’. Él replicó: ‘Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño’. Jesús, se le quedó mirando con cariño y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme’. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: ‘Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios’ (…) Es imposible para los hombres no para Dios, Dios lo puede todo’. (Mc 10, 17-30)

Meditar la Palabra

En el texto del evangelio de este domingo, la enseñanza de Jesús, el Maestro bueno se concentra en tres temas: Las riquezas, la vida eterna, el seguimiento. ¿Qué le falta a aquel hombre, cumplidor de la ley para alcanzar la vida eterna? A la respuesta de Jesús sobre lo elemental, la observancia de la Ley, aquel hombre, inquieto, no se da por satisfecho, desea hacer algo más. Jesús contempla por dentro la sinceridad de quien tiene delante e intenta llegar al fondo de su corazón. Jesús cambia de plano: del discurso sobre la vida eterna al seguimiento. Le plantea un reto: ‘anda, vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres…. y luego sígueme’. Lo que le falta a aquel hombre es hacerse discípulo. La exigencia propuesta por Jesús no es aceptada por aquel hombre y se marchó apenado, porque tenía muchos bienes. Con un lenguaje de gran plasticidad y de manera muy crítica, el Maestro quiere inculcar a los suyos la prevención contra los bienes acumulados sin tener en cuenta las necesidades del prójimo. Pero lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

Contemplar y orar la Palabra

-Comienzo la oración y tomo, para situarme con espíritu orante, las palabras del Libro de la Sabiduría, de este domingo:

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

– Leo de nuevo, detenidamente el evangelio, descubro lo que Jesús, en este momento de reflexión orante quiere decirme a mí. Yo soy ahora ese hombre, esa mujer que se acerca a Jesús a preguntarle: ¿Qué he de hacer para seguirte, qué he de hacer para vivir como discípulo tuyo? Jesús mira el fondo de mi corazón, quiere descubrir la sinceridad de mis palabras. ¿Cómo siento la mirada de Jesús sobre mí? ¿Cuáles son mis obstáculos, mis apegos? ¿Siento, como aquel hombre, la tristeza, cuando escucho a Jesús que me dice: Anda, vende lo que tienes… y luego sígueme?

– Doy vueltas en mi corazón meditando: ¿Cuáles son mis sentimientos, mis deseos, mis búsquedas, mis obstáculos y mis certezas? Y repito una y otra vez, superando todo temor: Dios lo puede todo, Él es la sabiduría verdadera, con Él lo puedo todo.