♦ Texto para la oración
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ‘¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceareis de la misma manera’.
Y les dijo esta parábola: ‘Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo, encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas. (Lc 13, 1-9)

♦ Comentario al texto

La enseñanza de Jesús en este texto, que nos ofrece la liturgia de este domingo, es de gran importancia. Nos podemos preguntar, en primer lugar, qué buscan al acercarse a Jesús con esta historia de los galileos. Quizá quieren una explicación sobre ‘ese Dios’ que permite esa muerte. Jesús responde con otro hecho de vida, para llamar a un cambio de mentalidad: todos somos pecadores, por eso, todos estamos llamados a la conversión. No se puede dividir a la sociedad entre buenos y malos. Como dice San Pablo en la segunda lectura: “El que se cree seguro, ¡cuidado! No caiga”. Pero a pesar del pecado, es posible la conversión. Por eso a continuación Jesús cuenta esa parábola, jugando con el simbolismo de la higuera que no da fruto. El dueño busca el fruto, pero el viñador pone su esperanza en la higuera, él la cuidará. La preocupación del viñador por la higuera le hace responsable. La cuidará e intentará por todos los medios salvarla. No se sabe cómo responderá la higuera. El final queda abierto. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, “el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

♦ Oración con el texto

Puedo comenzar este momento de oración volviendo a la experiencia vivida en la lectura de este evangelio el domingo. ¿Dejó en mí algún sentimiento? ¿He entendido la intención de Jesús de liberar al pueblo de la imagen de un Dios que les esclaviza? Ahora trato de comprender la intención de la parábola que les propone a los que se han acercado a él.
– Me adentro en el lenguaje de la parábola: la conversión reclama dejarse cavar, ahondar y podar. Dios nos sale al encuentro y nos espera. Pero sin cambio radical no cabe encuentro personal con él. Los cristianos somos tan vulnerables como los demás, pero no debiera ser el miedo el que nos mueva, sino la confianza. Ésta es una virtud que se educa, se cuida y se mima.
– Soy responsable de este cuidado, como se sentía el viñador respecto de la higuera. Y tengo confianza en el Viñador paciente, que es Jesús, Dios-con-nosotros, que sale a mi encuentro, me cuida, y me regala su perdón.
– Me pongo en manos de Dios, padre-madre, lleno de misericordia y amor: el Señor es compasivo y misericordioso (salmo 102)
– Hago memoria del paso de Dios por mi historia personal ¿Cuantas veces en mi vida le he sentido así, como el Viñador paciente, cuidando mi vida para que dé fruto?

En el año de la Misericordia

Cuando nos damos cuenta de ser pecadores encontramos la misericordia de Dios, que siempre nos perdona y nos recibe en su amor de perdón y de misericordia… Sin misericordia nuestra teología, nuestro derecho, nuestra pastoral, corren el riesgo de caer en la mezquindad burocrática o en la ideología, que por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio.
(Papa Francisco. 29 mayo 2013 y 3 de marzo 2015)