VI DOMINGO DE PASCUA (6 de mayo)

7

 

Santa Teresa nos abre el camino a la comprensión de la Palabra de este domingo: el amor al prójimo se apoya en la certeza de ser amados de Jesús.

¡Oh, Jesús mío! Cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que el mayor servicio que se os puede hacer es dejaros a Vos por su amor y ganancia, y entonces sois poseído más enteramente… porque los gozos de la tierra son inciertos, aunque parezcan dados de Vos… si no van acompañados con el amor al prójimo. (E. 2, 2)

 

 Escuchar y acoger la Palabra

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ‘Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a  plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros(Jn 15, 9-17)

 

►  Iluminar la Palabra

Seguimos en el mismo contexto del domingo anterior, de despedida de Jesús en la última cena. Jesús señala en este momento algo muy importante: el amor es el germen y fundamento de la vida de Jesús y de sus discípulos. Es un amor que surge del Padre y que a través de Jesús llega hasta nosotros y crea comunidad. Una comunidad de discípulos que tiene como mandamiento el amor mutuo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Y este amor tiene una referencia clara en Jesús: como yo os he amado. En este momento de despedida Jesús muestra a sus discípulos que el amor es el origen, el contenido y el centro de la misión. El amor del que Jesús habla, tiene su punto de partida en una experiencia, el amor del Padre, que se ha hecho cercano a nosotros a través del amor y de la misión del Hijo, y que se extiende a todo el mundo a través del amor de los discípulos. Y ¿cómo ha de ser ese amor? Como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

 

Orar y contemplar la Palabra

Estamos terminando el tiempo de Pascua. Cristo resucitado se despide de sus amigos y discípulos. La liturgia nos sigue poniendo ante nuestros ojos y ante nuestros oídos estas palabras de Jesús. Unas palabras que, como Jesús mismo dice, van dirigidas a que vuestra alegría llegue a plenitud.

Le pido a Jesús sentir, en primer lugar, el amor que él me tiene. En concreto, ¿cómo y por qué me siento amado por Jesús? ¿Cómo está Jesús en mi vida? ¿A través de quiénes me llega a mí ese amor? Doy vueltas y saboreo mis experiencias de sentirme amado…

Desde ese amor sentido, puedo preguntarme ¿hasta dónde estoy dispuesto yo a llegar en la entrega de mi amor a aquellos que me necesitan?

Jesús nos llama sus amigos,  y lo somos de hecho, con una condición: si hacéis lo que yo os mando: que os améis unos a otros.

> Al  leer tu palabra, Jesús, descubro la fuerza del amor encarnado, hecho historia y presencia entre nosotros. Un amor que se hizo buena noticia para los más pobres, para los enfermos y pecadores, que se convirtió en liberación para los oprimidos y esclavos; un amor que se sentó a la mesa de descreídos y marginados –según el mundo-. Un amor que pasó haciendo el bien hasta dar la vida.

¡Creo, Señor, en tu amor!, creo que el amor me hace más humano, más discípulo, más persona y por eso creo en el gozo del amor, en la plenitud de la alegría. ¡Creo, Señor, en tu amor!