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La Diócesis de Santander, rindió una calurosa despedida al padre agustino, Manuel Herrero Fernández (Serdio-Cantabria, 1947), para agradecerle su entrega, lealtad y laboriosidad ejercida durante 17 años como Vicario General de la Diócesis cántabra, tiempo en el que también fue Vicario de Pastoral y Administrador Diocesano cuando la Diócesis permaneció durante varios meses de 2015 como sede vacante.

Mediante una Eucaristía de acción de gracias, el pasado sábado 11 de junio, la catedral se llenó de fieles, de feligreses de su parroquia del Barrio pesquero, de sacerdotes compañeros y de miembros de la comunidad de Agustinos de Santander.

Con su presencia, todos los asistentes quisieron mostrar su agradecimiento a la labor del P. Manuel Herrero, que se ausenta de la Diócesis para ser Obispo de Palencia, cargo para el que será consagrado este sábado 18 de junio, a las 12,00 de la mañana, en la catedral de San Antolín de esa ciudad.

El padre Manuel Herrero se mostró cordial con todos los que quisieron manifestarle su gratitud, y durante la Eucaristía permaneció con gesto grave, interiorizando las oraciones, lecturas y preces de la Eucaristía y siendo muy consciente del momento que vivía.

La celebración ofreció imágenes de emoción, que fueron especialmente visibles en el tono de las palabras que el Obispo de Santander, Mons. Manuel Sánchez Monge, dedicó al padre Manuel Herrero en el transcurso de la homilía de despedida.

El obispo ensalzó la presencia de fieles en la catedral “como muestra del cariño de muchas personas al padre Manuel” y destacó que su estela dejada durante estos años, era “una huella que había que conservar como ejemplo”.

Mons. Sánchez no pasó por alto que el Papa Francisco había llamado al padre Manuel coincidiendo con el Año Jubilar de la Misericordia, y apostilló que su misión a partir de ahora será la de seguir la cadena de los apóstoles del Señor.

El obispo de la Iglesia cántabra recordó que “la misericordia es siempre de Dios, porque lo nuestro es la miseria”, y añadió que “ser misericordioso es, especialmente, el papel de un obispo”.

En su repaso, Mons. Sánchez ensalzó del padre Manuel su “ayuda, amistad, laboriosidad y capacidad de trabajo, “porque todo lo solucionaba con prontitud”. Llevas -dijo emocionado- “el agradecimiento y el cariño de esta Iglesia de Santander y Mena”.

Anunciar a Cristo y estar cerca de los descartados

Mons. Manuel Sánchez, en una de sus homilías más sentidas desde que es obispo de Santander, animó al padre Manuel a que, como próximo obispo de Palencia, “mire a sus fieles a través de los ojos de Dios; también con una mirada especial a través de los pobres, sencillos y de los descartados de esta nueva sociedad: que estos sean los primeros para ti”, enfatizó el obispo.

Asimismo, instó al nuevo prelado de Palencia a que no se arrepintiera de “ser demasiado cercano a su pueblo” y recordó que “nuestro cometido, sobre todo, está en anunciar a Jesucristo  y propiciar que las personas se encuentre con Él porque lo fundamental -agregó- es el encuentro personal con el Señor”. Esta experiencia marca un antes y un después.

Otra de sus recomendaciones fraternas fue la de anunciar la Buena Noticia del Evangelio, pero “sobre todo con hechos, no con palabras solamente”.

Además, recordó que el Evangelio sólo se podía anunciar bien si la persona vivía en un ambiente de moderación; “austeridad que el padre Manuel ha vivido durante años por ser religioso agustino”, remachó el obispo.

Diócesis hermanadas

Mons. Manuel Sánchez, recordó que con la marcha del padre Manuel a Palencia, las dos diócesis (Santander y Palencia) quedan ahora especialmente vinculadas.

Mons. Manuel Sánchez, aprovechó la circunstancia personal de haber nacido en Palencia (Fuentes de Nava, 1947) para anunciarle al nuevo prelado de la diócesis castellana de que se encontrará con una tierra de una gran riqueza en su patrimonio monumental, “pero el mejor de todos es el patrimonio de mártires y de santos de esa Diócesis”.

El obispo de Santander recordó que en Palencia, por la despoblación padecida, se encontrará con muchos pueblos pequeños y con muy pocos vecinos. “Quiere a cada uno de ellos de manera concreta y cuando hables a pocos, muéstrate con el mismo entusiasmo como si hablaras a dos mil”, dijo Mons. Sánchez.

Por último, el obispo de la Iglesia cántabra, animó al padre Manuel Herrero a que, “como nos ha propuesto el Papa Francisco, caminemos, según los casos, delante, en medio o detrás de nuestra grey para que nadie se quede apartado”.

El obispo pidió a la Virgen Bien Aparecida, patrona de Cantabria y a Ntra. Sra. De La Calle  de Palencia la protección para el ejercicio del nuevo ministerio episcopal de Mons. Manuel Herrero.

Palabras de D. Manuel Herrero

Al finalizar la Eucaristía, le fueron entregados al padre Manuel Herrero dos regalos en nombre del presbiterio diocesano y del prelado de Santander. El primero fue un nuevo báculo de Obispo y el segundo se trató de una crismera para ungir, entre otros, a los nuevos confirmados.

El padre Herrero tomó finalmente la palabra para dar gracias a Dios por la nueva misión que el Señor le había encomendado y pidió perdón por todas aquellas faltas o pecados que hubiera podido cometer durante este tiempo de ministerio en la Iglesia de Santander.

Agradeció el ambiente familiar que vivió de pequeño en Serdio, su localidad natal, y recordó con gratitud a los sacerdotes que influyeron en su vocación, D. José Arce, D. Isidro Mardones y el padre Santos Fernández.

Igualmente, evocó con gratitud a los obispos con los que colaboró en estos últimos 17 años, y expresó especialmente su agradecimiento a la orden agustiniana porque sin ella “no hubiera sido lo que soy”. Tampoco olvido dar gracias a la Virgen, “a la que desde pequeño profeso una devoción especial”, resaltó.

“Llevaré siempre a la Diócesis de Santander en mi alma porque formo parte de esta familia” sin olvidar de que nuestra tarea es la de evangelizar.

Asimismo, pidió oraciones por él y animó “a todos a trabajar unidos en la Iglesia porque todos formamos un mismo cuerpo”.

Finalmente, el coro de la parroquia del Barrio Pesquero de Santander, en la que el padre Manuel ha estado sirviendo en estos últimos años, entonó a la Virgen María, con especial sentimiento y hondura, la Salve a la Reina de los Mares.

Muestras de cariño

La jornada del sábado 11 de junio será difícil de olvidar para el padre Manuel Herrero, ya que recibió múltiples testimonios de cariño.

De hecho, en la monición de entrada de la Eucaristía de su despedida, el actual Pro Vicario de la Diócesis, Sergio Llata, destacó que con la marcha del padre Manuel “se va una parte de nuestra historia. Una historia en la que sólo hay un protagonista: Jesucristo, el Señor.

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